
MI RELACIÓN CON EL DINERO

Conocerte Vivo.Sentirte Libre


Cuando bajo una aparente capa de cuidados aprovecho para insultarme: estás fe@, viej@, gord@, flac@…
Me maltrato
Cuando me critico ferozmente por no ganar suficiente dinero, por ser un mediocre, por no saber hacer lo que otr@s hacen.
Me maltrato
Cuando no dejo que me amen, que me toquen. Cuando no soy consciente de que me aman, de que soy amado más allá de lo que vislumbro.
Me maltrato
Cuando no permito que mi cuerpo duerma las horas que necesita. Cuando me enrabieto brutalmente por no permitirme dormir las horas que necesito.
Me maltrato
Cuando trabajo sin saber parar. Sin ser consciente de lo que hago. Sin poner una micra de amor en ello.
Me maltrato
Cuando me falto al respeto. Cuando pienso que enfermaré por mis costumbres, por mi maltrato.
Me maltrato
Cuando no me escucho. Cuando no me permito el tiempo necesario para hablar conmigo.
Me maltrato
Cuando no confío en mí. Cuando no veo la vida en mí.
Me maltrato y me maltrato.
Pero, cuánto dolor y cuánto amor por descubrir hay tras tanto menosprecio!!!!!

Explica Nazareth Castellanos -neurocientifica- que se ha podido comprobar que los ojos y el corazón se sintonizan al ritmo de los latidos de este último. Así, cuando miramos a los ojos de una persona nuestro inconsciente detecta este baile y se sincroniza con el corazón del otr@. De ahí que a veces nos resulte tan molesto que nos miren a los ojos…o mirar a los ojos de los demás. Porque ahí está hablando el corazón y el corazón no miente.
Pero no es solo esto. La mirada es también una decisión. De adónde miro y cómo miro.
Y es que puedo elegir entre tanta realidad que me circunda a qué lugar le presto atención. Con la humildad y la conciencia que me permite saber que es solo el punto que miro y veo. No la realidad. Esa confusión a veces devastadora.
Y también puedo elegir la lectura e interpretación que hago de lo que creo que me está sucediendo ahora.
Es decir, puedo apostar por una mirada propositiva o una mirada de queja, puedo tejer una oportunidad, la ocasión de aprender, descubrir y reconciliarme conmigo o dejarme llevar por la sensación abrumadora de un nuevo peso en mi vida.
Y todo puede servir en algún momento. Todo es una experiencia de vida que nos permite conectar con ella.
Sin embargo, es tremendamente importante, desde mi limitado punto de vista , que sepamos de nuestra mirada. Es decir, del pálpito de nuestro corazón.

Y que no conozco. Y que anda por el fondo del fondo. Y que intento reprimir, no vaya a ser que me desestabilice, aunque a las primeras de cambio sale para “incordiarme” porque yo no quiero que esté, que exista, que sea parte de mí.
Porque se contradice con lo que yo creo que quiero, con lo que yo creo que soy.
Y así, cuando un amigo me dice que tendría que hacer una vida más sana , que tendría que cuidar la alimentación, exploto y me enfado y le digo que se meta en sus cosas, que no me dé consejos, que no soy un niño, que sé lo que me hago. Y ahí está hablando esa parte de mi ignorada. Y ahí está la ocasión de escucharla para descubrirla. Es esa parte de mi que dice lo mismo que mi amigo y a quien no quiero reconocer. Solo es un fragmento de mí, pero merece ser visto, ser escuchado y, si fuera posible, entablar un pequeño diálogo con él. Porque a lo mejor, quién sabe, nos podemos poner de acuerdo. Y vivir en paz el uno con el otro.



2 min


7 min