EL DOLOR QUE NO SE VE

Ni se huele. Ni se intuye. Que anda por debajo del nivel de consciencia mínimo. Que anidó allí hace tiempo y se ha vuelto normal en nuestras vidas, aunque invisible. 
Y que, sin embargo, se nota. Se nota en nuestra actitud, en nuestro comportamiento. En nuestra visión de la vida, en nuestros miedos y creencias. En nuestras decepciones y fracasos. Aunque no se ve, sencillamente no se ve.
Incluso diría que no se siente. Lo tenemos tan interiorizado que nos hemos hecho insensibles a él y él se ha hecho insensible a nosotr@s. 
Y nos acompaña a todos lados. 
Descubrirlo es el primer escalón para atisbar su presencia, quizás su origen, ojalá su profundidad y ámbitos de actuación. 
No obstante, tal vez lo más necesario es compartir trozos del camino con él, con la consciencia de él, para iniciar el reto mayor de sentirlo, de dejarnos, de permitirnos sentirlo hasta lo más hondo, a lo mejor hasta las lágrimas, quien sabe si hasta un leve crujir de desesperación o una profunda pena. 
Y permitirle, así, que él también descanse de ser ese dolor constante, insensible, desatendido, para que, junt@s, podamos dormir y vivir en paz. Que así sea.

ES SOLO UN PENSAMIENTO


Solemos creer que somos nuestros pensamientos. Que los pensamientos son verdades, experiencias obvias, hechos inamovibles. 
Pero un pensamiento no es un hecho ni una evidencia empírica. Solo es, en palabras del neurocientífico David del Rosario, una propuesta neuronal, una posibilidad que, si la dejamos y no le prestamos atención, en su caminar puede transformarse en una creencia y, de ahí, en una verdad incuestionable. 
Sin embargo, podemos decidir si esa propuesta la aceptamos como guía de nuestra vida, si le damos el mando de nuestra visión del mundo, si la convertimos en nuestra jefa. 
O si, por el contrario, una vez vista y observada, decidimos desecharla y que no nos dirija y gobierne. Y esto solo depende de que podamos descubrirla, observarla. 
Y cómo podemos descubrir los pensamientos que nos gobiernan?
A través de las emociones. Fundamentalmente de ese gran revelador de tesoros que es el miedo. Al que, si lo escuchamos y no lo reprimimos, le podemos seguir el rastro de su voz hasta llegar al fondo de sus gritos donde residen los pensamientos que lo sustentan. Esa parte de uno mismo que se cree a pies juntillas ciertos pensamientos que se han instalado como verdades eternas e incuestionables. Y que, cuando los descubro armado de la lupa de discernir verdades de posibilidades, puedo decidir, con absoluta consciencia, si permito, si acepto que esos pensamientos sigan siendo mis jefes, sigan haciéndome ver la vida a través de su prisma. 
O si, por el contrario, les doy las gracias por los servicios prestados y les permito que se vayan por donde vinieron, para vivir libre de ellos y permitirme que la vida, no mis creencias de la vida, entre a raudales.

LA ILUMINACIÓN, AHORA A NUESTRO ALCANCE

Leo en Jeff Foster:”La iluminación es el acto de dar luz al momento en el que estás ahora mismo”.
Leo en Eckhart Tolle:”La razón por la que a algunas personas les encantan las actividades muy peligrosas es porque les obliga a entrar en el Ahora, un estado inmensamente vivo y libre del tiempo, de los problemas, del pensamiento, de la carga de la personalidad. Pero no hace falta escalar la cara norte del Eiger. Puedes acceder a este estado Ahora”
Leo en Sergi Torres:”La felicidad no depende del bienestar ni del placer. Es un estado que trasciende y engloba, al mismo tiempo, toda experiencia física y emocional. Se puede manifestar envuelta de una sensación de paz infinita o en medio de una tristeza y agonía extremas. Pero ninguna de estas sensaciones, emociones o sentimientos es su causa. La felicidad no tiene causa. Es inherente a la existencia y tod@s podemos acceder a ella sumergiéndonos en el momento presente “.
O sea, la felicidad es la iluminación. Y la iluminación es la felicidad. Y es para ti y para mí. Y está en este momento que tú lees esto y yo lo escribo. En el no-tiempo. 
No es un objetivo ni un fin. Por tanto, no hay un camino que te lleve a ello ni hay un trabajo que hacer para llegar allí. Ni hay un maestro que te pueda decir cómo conseguirlo. 
Está aquí, ahora. Y nunca puede estar fuera del camino, pues el camino es lo que te está ocurriendo aquí, ahora. En la conciencia del milagro de la VIDA.

ES DOMINGO AL MEDIODÍA

Apetece ya este sol de primavera. 
Día luminoso. 
Aire fresco. 
Olor a azahar. 
El mundo gira y no para. 
La sensación de estar cruzando 
un precipicio. 
Pero,la convicción,cada vez 
mayor, 
de que no hay otro puente
que este de confiar en mí, 
de confiar en la vida,
CON MAYÚSCULAS.
De aceptar mis dones 
-ese regalo inmenso-
De poder brillar,
porque ahí brilla la vida.

MI RELACIÓN CON EL DINERO


La verdad que no sé muy bien cuál es. Yo digo, pero a saber, que lo he rechazado porque lo asociaba a lo siniestro, a lo oscuro…; pero también a lo corrupto, causa de la desdicha del mundo; algo que tizna, que no valora al mejor o más noble sino al listo, miserable, avaro, tramposo, explotador…; asociado a la gente “pija”, no a la gente auténtica, buena, sencilla. 
Y, literalmente, no lo he querido. Y,así, cuando lo he tenido lo he gastado inmediatamente ya que tenerlo es malo, corrompe. Preocuparse por él no es algo noble sino pedestre, de seres “densos”, bajos, no “elevados” como yo. Aunque a mí me tiene que llegar -el suficiente, no más- porque soy inteligente, culto, preparado…
Es decir, lo ansío y no lo reconozco. Y me doy cuenta claramente de qué difícil es vivir sin él. 
No tenerlo significa tener que dar un salto de imaginación para poder moverse y actuar. Y, aún así, hay cosas que no puedes hacer. O son muy complicadas. 
El dinero es el invento para poder intercambiar y usar/tener bienes y servicios, o sea, para poder vivir. Y nació para facilitarnos la vida aunque nosotr@s lo hemos complicado porque hemos perdido de vista lo bueno que es tenerlo para compartirlo, moverlo, hacerlo correr, ponerle nuestro sello de hacer las cosas bien, de amor y agradecimiento, de reconocimiento hacia alguien por lo que ha hecho por nosotr@s. Felices de poder pagar, intercambiar, apoyar al otr@, para que pueda seguir la cadena. 
Y tenerlo no indica que eres mejor o peor, sino que puedes vivir aquí, compartir, obtener bienes y servicios…y que puedes decidir cuánto y cuándo lo usas. 
Creo que estoy iniciando una etapa de mucho más respeto y consciencia hacia algo que ha servido y sirve hasta ahora para organizar nuestra sociedad. Y que, probablemente, en algún momento dejará de servir. Pero ahora es así. Y es importante saber que la vida apoya este fluir porque, aunque parezca lo contrario, el dinero no es de nadie y es de todos. Si es que existe.,.

ME MALTRATO

Cuando bajo una aparente capa de cuidados aprovecho para insultarme: estás fe@, viej@, gord@, flac@…
Me maltrato
Cuando me critico ferozmente por no ganar suficiente dinero, por ser un mediocre, por no saber hacer lo que otr@s hacen. 
Me maltrato 
Cuando no dejo que me amen, que me toquen. Cuando no soy consciente de que me aman, de que soy amado más allá de lo que vislumbro. 
Me maltrato 
Cuando no permito que mi cuerpo duerma las horas que necesita. Cuando me enrabieto brutalmente por no permitirme dormir las horas que necesito. 
Me maltrato
Cuando trabajo sin saber parar. Sin ser consciente de lo que hago. Sin poner una micra de amor en ello. 
Me maltrato 
Cuando me falto al respeto. Cuando pienso que enfermaré por mis costumbres, por mi maltrato. 
Me maltrato 
Cuando no me escucho. Cuando no me permito el tiempo necesario para hablar conmigo. 
Me maltrato 
Cuando no confío en mí. Cuando no veo la vida en mí. 
Me maltrato y me maltrato. 
Pero, cuánto dolor y cuánto amor por descubrir hay tras tanto menosprecio!!!!!

LA MIRADA Y EL CORAZÓN

Explica Nazareth Castellanos -neurocientifica- que se ha podido comprobar que los ojos y el corazón se sintonizan al ritmo de los latidos de este último. Así, cuando miramos a los ojos de una persona nuestro inconsciente detecta este baile y se sincroniza con el corazón del otr@. De ahí que a veces nos resulte tan molesto que nos miren a los ojos…o mirar a los ojos de los demás. Porque ahí está hablando el corazón y el corazón no miente. 
Pero no es solo esto. La mirada es también una decisión. De adónde miro y cómo miro. 
Y es que puedo elegir entre tanta realidad que me circunda a qué lugar le presto atención. Con la humildad y la conciencia que me permite saber que es solo el punto que miro y veo. No la realidad. Esa confusión a veces devastadora. 
Y también puedo elegir la lectura e interpretación que hago de lo que creo que me está sucediendo ahora.
Es decir, puedo apostar por una mirada propositiva o una mirada de queja, puedo tejer una oportunidad, la ocasión de aprender, descubrir y reconciliarme conmigo o dejarme llevar por la sensación abrumadora de un nuevo peso en mi vida. 
Y todo puede servir en algún momento. Todo es una experiencia de vida que nos permite conectar con ella. 
Sin embargo, es tremendamente importante, desde mi limitado punto de vista , que sepamos de nuestra mirada. Es decir, del pálpito de nuestro corazón.

SIEMPRE HAY UNA PARTE DE MÍ QUE ESTÁ ESPERANDO SER DESCUBIERTA


Y que no conozco. Y que anda por el fondo del fondo. Y que intento reprimir, no vaya a ser que me desestabilice, aunque a las primeras de cambio sale para “incordiarme” porque yo no quiero que esté, que exista, que sea parte de mí. 
Porque se contradice con lo que yo creo que quiero, con lo que yo creo que soy. 
Y así, cuando un amigo me dice que tendría que hacer una vida más sana , que tendría que cuidar la alimentación, exploto y me enfado y le digo que se meta en sus cosas, que no me dé consejos, que no soy un niño, que sé lo que me hago. Y ahí está hablando esa parte de mi ignorada. Y ahí está la ocasión de escucharla para descubrirla. Es esa parte de mi que dice lo mismo que mi amigo y a quien no quiero reconocer. Solo es un fragmento de mí, pero merece ser visto, ser escuchado y, si fuera posible, entablar un pequeño diálogo con él. Porque a lo mejor, quién sabe, nos podemos poner de acuerdo. Y vivir en paz el uno con el otro.

ESTÁS PERDONAD@ POR MÍ

En principio podemos acercarnos al perdón (hablo de un proceso de diálogo interno, de una mirada profunda y honesta) desde dos perspectivas : una que dice, te pido perdón y otra que dice, estás perdonad@ por mí. 
Hoy querría prestar atención a la segunda. Y ahí creo que lo más inmediato y más difícil, probablemente, es perdonarme a mí mism@. 
Sin embargo, es el principio de todo sin el cual muy probablemente no puedo perdonar-ver a l@s demás. 
Y así puedo entrar en un bucle de escrutar y culpabilizar a tod@s l@s que me hicieron, me hacen y me harán daño. 
Con esto se genera un vínculo con el/la otr@ basado en la afrenta sufrida, la rabia que queda, el recuerdo que me golpea y la propia interpretación que hago de lo que creo que sucedió. En la que, por cierto, yo siempre soy la víctima, el justo. O simplemente no estoy. 
Ah!! pero cuando descubres el valor del perdón descubres 
también toda la liberación y el alivio infinito que supone (lo cual no significa que no te hayan hecho daño o que lo justifiques). 
Así puedes soltar el reproche, el rencor, el resentimiento, las ansias de venganza, el pesado pasado, el recuento minucioso de las humillaciones, la insistencia en los recuerdos dolorosos, el afán por sentir vivo el dolor, la introspección del detalle del daño que me hizo. 
De repente puedo soltarlo, soltarlo, soltarlo. Y también soltar al otr@, soltarme a mí. Desencadenarme. Dejarl@ ir. Dejarme ir. Por fin libre.

ENFERMEDAD NO. GRACIAS

A veces, en medio de la noche, me asalta el miedo a enfermar. Así, en abstracto. Pero lo siento. Se me instala en el estómago y allí vive un buen rato. Lo miro y ni siquiera se escabulle. Me planta cara. Lo sigo mirando. Me habla de mi rechazo a la enfermedad, de mí no aceptación de grandes dosis de la vida en general, de la mía en particular. 
No reconozco ni acepto que la enfermedad está en esta vida, que ha estado y puede estar en la mía personal. No quiero que exista. Y la vislumbro terrorífica, inclemente. Me paraliza la vida, rompe mis ilusiones, mi bienestar. Crea problemas. Posiblemente la muerte. Y no hallo soluciones. Intento encontrar salidas: eso, la enfermedad, no está aquí, ahora. No “es” en este momento. Por tanto, vamos a vivir aquí, donde estamos, donde somos. Todo está en mi mente. Voy respirando. Se está a gusto aquí en la cama. Este instante lleno de vida. La enfermedad es parte de la vida, es vida. Ahora no está. Gracias por el inmenso regalo de experimentarme vivo. Me doy cuenta de que me imagino enfermo desde la salud. Ahí no vale: solo si estoy enfermo puedo vivirme enfermo. Y en esa situación nadie sabe qué puede pasar, cómo voy a reaccionar, qué me puede aportar. Poco a poco me tranquilizo. Van pesando los párpados. Vuelve el sueño y con él la plácida sensación de calma.