WOW, CUANDO VES QUE NO VES

Qué impresión! 
Qué sensación de lucidez!
Y es que parece un sinsentido, pero es tan real como la vida misma. Navegamos la vida cieg@s, dirmid@s, casi sin darnos cuenta. No le dedicamos tiempo ni atención a lo que (nos) ocurre y nos perdemos en discusiones, intentos desesperados de salvar nuestro ego, conflictos, culpas que echar a l@s dem@s, golpes de pecho para mostrar orgullo…
Y, un buen día, o, más probablemente, una noche, de repente, puedes ver con asombrosa claridad que no, que no te estás enterando, que no te has enterado. 
Y podría decir que casi lo puedes contemplar como una película en 3D : 
Cómo no me he dado cuenta de lo que “realmente “ estaba pasando? 
Cómo es posible que no fuera consciente del miedo o el agobio o la rabia o la angustia de la otra persona? 
Cómo es posible que no haya visto que solo con escucharla se transformaba todo? 
Cómo es posible que no supiera que podía dar mi brazo a torcer y no pasaba nada? 
Cómo es posible que no escuchara que hay otras razones tan válidas como la mía? 
Cómo es posible que no permaneciera un tiempo en silencio para permitirme ver qué ocurría dentro de mi? 
Por qué no guardaba otro tiempo para reflexionar y después poderlo hablar todo con calma? 
Por qué no respetarme y respetar a la otra persona en este lugar donde tod@s vamos equivocándonos? 
Qué bella cierta humildad !!
Y, en ese momento -que dura un no-tiempo-, donde ves y te ves, se encienden las luces de la noche en tu mente y descubres que todo, todo puede ser de otra manera. 
Incluso, se puede hacer feliz el camino.

RECONCILIARSE CONSIGO MISM@

Vive un@ con la profunda ignorancia de sí mism@. Se ha hecho una imagen, muy imaginada, de quién es el/ella, de cómo es su voz, su aspecto físico. De cómo lo ven los demás, de cómo se expresa y cómo es percibid@. De a qué puede aspirar social, personal, laboralmente y a qué no. Cuánto sabe, cuánto parece que sabe y, en definitiva quién es él/ella. 
De repente, un buen día, se ve, se escucha, por ejemplo en una entrevista, cómo es mi caso, y descubre a un tipo que rompe radicalmente con esa imagen, un poco absurda, un poco lastimosa, de sí mism@. Y se queda, cómo me quedé yo, imantado a esa nueva imagen, magnética, que echa por tierra todos sus prejuicios, sus falsas imágenes de sí mismo, sus clichés, sus limitaciones. 
Aquel sujeto que yo veía en la pantalla hablaba con una voz clara y firme. Parecía contento. Transmitía una gran energía. Y daba la impresión de tener seguridad en lo que decía. 
Es decir, según mis patrones mentales no era yo. 
Sin embargo, se llamaba exactamente igual que yo, vestía mi camisa, y se asemejaba 100% al tipo que yo veía por las mañanas en el espejo. 
Arruinadas mis expectativas, imágenes y prejuicios, descansé profundamente alterado y decidí, no sin zozobra, reconciliarme con aquel tipo de la pantalla, por si acaso era yo. 
Que todo puede ser, oiga.

DECIDIR O NO DECIDIR: ESA ES LA DECISIÓN

Como vamos en piloto automático no nos damos cuenta del poder y la capacidad que tenemos para tomar las riendas de nuestra vida y, así, liberarnos de muchas de las circunstancias que constituyen una pesada carga en nuestro día a día. 
Me refiero al odio, la rabia, el resentimiento, el rencor…
Y con esto no quiero decir que los reprimamos, los ignoremos o los expulsemos a golpes de nosotr@s o de nuestra mirada del mundo. No. Estoy hablando del poder intrínseco que habita en tomar la decisión de liberarnos de todo este bagaje haciéndonos conscientes, en primer lugar, de todas estas emociones y actitudes que tenemos contra personas, situaciones, relaciones, enfermedades, lugares, recuerdos…
Y tomando, en segundo lugar, la profunda determinación de vivir liberado de todo este sufrimiento al poder mirar cada uno de estos sentimientos a la cara y poder hacer, después, un gesto irreversible de libertad para situarnos en el lado consciente de la vida, en la gran (y casi siempre costosa) decisión de permitir que ese rencor, odio, resentimiento, rabia…se vayan, al haber realizado un verdadero ejercicio de expansión y de compromiso con la vida. 
Estoy hablando de atrevernos a soltar conscientemente todo este peso porque decido que lo que sucedió no fue exactamente como yo creo que sucedió y, porque, en cualquier caso, fue fruto de la ignorancia mía y del otr@ y porque, en definitiva, opto por vivir liberado del vínculo asfixiante que me une en el recuerdo del sufrimiento y en el sufrimiento del recuerdo con esa persona, esa situación, ese lugar…
Y, ahí, en ese instante, aparece la auténtica decisión: decido yo o me dejo llevar por esa inercia que me mata en vida, sigo sintiéndome víctima o me arriesgo a vivir libre.

PERO, ¿DE VERDAD EXISTE LA MUERTE?

No quiero escribir sobre la muerte. No quiero leer sobre la muerte. No quiero saber de la muerte. 
Me angustia. Nos angustia. 
En realidad, no la he mirado nunca a la cara. No me la puedo imaginar. No me la creo. 
No me puedo creer que un día me desconecte(n) de esto que llamamos vida. No me puedo creer que un día no pueda ver, oír, oler lo que aquí está pasando. Me resulta inimaginable. 
Aunque su presencia empapa mi vida cotidiana. Lo reconozca o no. Lo quiera ver o no. 
Cómo será eso? Qué hace la gente cuando va llegando a ese momento? Cómo se encara ese instante tan inaudito, tan increíble, con el que nos vamos a enfrentar tod@s? Qué se supone que ocurre ahí? Cómo puede un@ reaccionar? 
Me imagino que el hecho de que venga sin saber muy bien lo que ocurre, en el fondo, facilita que vaya sucediendo. O que suceda de golpe. Que todo puede suceder. 
No sabemos nada de la muerte. La vemos. No la podemos negar. Pero, no, a mí no me va a llegar. Es injusto. Es imposible. 
Y nos negamos a hablar de ella. Nos negamos a ir preparándonos. A estar preparados. Y mixtificamos su presencia desviando el tema hacia qué habrá después de ella. El caso es que ELLA no esté, no la reconozcamos, no exista. 
Vive, así pues, la muerte muerta de nuestra propia consciencia. Por eso no quería escribir lo que estoy escribiendo. 
Pero la muerte existe, aunque seguro, no es la muerte que nos imaginamos, la que creemos. Esa no. 
Pero, cómo será la auténtica? Adónde nos llevará? Qué hay en ese estar que es, al fin y al cabo, otra forma de vida? 
Vivir, morir son, quizá, dos maneras de decir lo mismo. Lo curioso es que el pánico a la muerte viene dado, directamente, por el hecho de que nos sitúa, frente a frente, con nuestra propia ignorancia de la vida.

MI ENTREVISTA 2

Por si alguien llego tarde, la entrevista está colgada en este enlace en el punto 3horas 16 minutos

EL DOLOR QUE NO SE VE

Ni se huele. Ni se intuye. Que anda por debajo del nivel de consciencia mínimo. Que anidó allí hace tiempo y se ha vuelto normal en nuestras vidas, aunque invisible. 
Y que, sin embargo, se nota. Se nota en nuestra actitud, en nuestro comportamiento. En nuestra visión de la vida, en nuestros miedos y creencias. En nuestras decepciones y fracasos. Aunque no se ve, sencillamente no se ve.
Incluso diría que no se siente. Lo tenemos tan interiorizado que nos hemos hecho insensibles a él y él se ha hecho insensible a nosotr@s. 
Y nos acompaña a todos lados. 
Descubrirlo es el primer escalón para atisbar su presencia, quizás su origen, ojalá su profundidad y ámbitos de actuación. 
No obstante, tal vez lo más necesario es compartir trozos del camino con él, con la consciencia de él, para iniciar el reto mayor de sentirlo, de dejarnos, de permitirnos sentirlo hasta lo más hondo, a lo mejor hasta las lágrimas, quien sabe si hasta un leve crujir de desesperación o una profunda pena. 
Y permitirle, así, que él también descanse de ser ese dolor constante, insensible, desatendido, para que, junt@s, podamos dormir y vivir en paz. Que así sea.

ES SOLO UN PENSAMIENTO


Solemos creer que somos nuestros pensamientos. Que los pensamientos son verdades, experiencias obvias, hechos inamovibles. 
Pero un pensamiento no es un hecho ni una evidencia empírica. Solo es, en palabras del neurocientífico David del Rosario, una propuesta neuronal, una posibilidad que, si la dejamos y no le prestamos atención, en su caminar puede transformarse en una creencia y, de ahí, en una verdad incuestionable. 
Sin embargo, podemos decidir si esa propuesta la aceptamos como guía de nuestra vida, si le damos el mando de nuestra visión del mundo, si la convertimos en nuestra jefa. 
O si, por el contrario, una vez vista y observada, decidimos desecharla y que no nos dirija y gobierne. Y esto solo depende de que podamos descubrirla, observarla. 
Y cómo podemos descubrir los pensamientos que nos gobiernan?
A través de las emociones. Fundamentalmente de ese gran revelador de tesoros que es el miedo. Al que, si lo escuchamos y no lo reprimimos, le podemos seguir el rastro de su voz hasta llegar al fondo de sus gritos donde residen los pensamientos que lo sustentan. Esa parte de uno mismo que se cree a pies juntillas ciertos pensamientos que se han instalado como verdades eternas e incuestionables. Y que, cuando los descubro armado de la lupa de discernir verdades de posibilidades, puedo decidir, con absoluta consciencia, si permito, si acepto que esos pensamientos sigan siendo mis jefes, sigan haciéndome ver la vida a través de su prisma. 
O si, por el contrario, les doy las gracias por los servicios prestados y les permito que se vayan por donde vinieron, para vivir libre de ellos y permitirme que la vida, no mis creencias de la vida, entre a raudales.

LA ILUMINACIÓN, AHORA A NUESTRO ALCANCE

Leo en Jeff Foster:”La iluminación es el acto de dar luz al momento en el que estás ahora mismo”.
Leo en Eckhart Tolle:”La razón por la que a algunas personas les encantan las actividades muy peligrosas es porque les obliga a entrar en el Ahora, un estado inmensamente vivo y libre del tiempo, de los problemas, del pensamiento, de la carga de la personalidad. Pero no hace falta escalar la cara norte del Eiger. Puedes acceder a este estado Ahora”
Leo en Sergi Torres:”La felicidad no depende del bienestar ni del placer. Es un estado que trasciende y engloba, al mismo tiempo, toda experiencia física y emocional. Se puede manifestar envuelta de una sensación de paz infinita o en medio de una tristeza y agonía extremas. Pero ninguna de estas sensaciones, emociones o sentimientos es su causa. La felicidad no tiene causa. Es inherente a la existencia y tod@s podemos acceder a ella sumergiéndonos en el momento presente “.
O sea, la felicidad es la iluminación. Y la iluminación es la felicidad. Y es para ti y para mí. Y está en este momento que tú lees esto y yo lo escribo. En el no-tiempo. 
No es un objetivo ni un fin. Por tanto, no hay un camino que te lleve a ello ni hay un trabajo que hacer para llegar allí. Ni hay un maestro que te pueda decir cómo conseguirlo. 
Está aquí, ahora. Y nunca puede estar fuera del camino, pues el camino es lo que te está ocurriendo aquí, ahora. En la conciencia del milagro de la VIDA.

ES DOMINGO AL MEDIODÍA

Apetece ya este sol de primavera. 
Día luminoso. 
Aire fresco. 
Olor a azahar. 
El mundo gira y no para. 
La sensación de estar cruzando 
un precipicio. 
Pero,la convicción,cada vez 
mayor, 
de que no hay otro puente
que este de confiar en mí, 
de confiar en la vida,
CON MAYÚSCULAS.
De aceptar mis dones 
-ese regalo inmenso-
De poder brillar,
porque ahí brilla la vida.