TUS MIEDOS

Tus miedos están empapados de tu inteligencia. 
Son tu inteligencia. 
Sin ellos la humanidad no hubiera sobrevivido hasta nuestros días.
Ámalos. Cuídalos. Abrázalos. Charla con ellos. Escúchalos. Conoce sus inquietudes.  
Y permíteles, también, 
Que hagan su camino. 
Que vayan a otros lugares. Que habiten a otras personas.
Que aconsejen a otras tribus.
Y tú, permítete vivir en el temor de vivir sin ellos. 
Si quieres.
Siempre, al final de las cosas, estás tú, está tu decisión. 
De vivir libre. 

6 PASOS PARA EL PERDÓN. (A EXPLORAR)

(Conflictos con personas, lugares, épocas, situaciones…)


1) EXPRESAR LA RABIA
(No con la otra persona, no en público. Pero sacarla, escribirla, gritarla, llorarla, sentirla, pintarla, hablarla, verla) Y HACERME BIEN CONSCIENTE DEL DAÑO QUE CREO QUE HE SUFRIDO ( en mi cuerpo, en mi vida, en mis emociones, en mi ser)
2)INTENTAR ENTENDER LA SITUACIÓN Y AL OTR@. 
INTENTAR MIRAR DESDE OTRA PERSPECTIVA. 
Qué ha ocurrido de verdad?
Qué creo que sostiene la actuación del otr@?
Su miedo, su rabia, su frustración, su angustia, su victimismo, sus ansias de venganza…?
3) SER CONSCIENTE DE QUE YO ESTABA ALLÍ. CON LA RESPONSABILIDAD DE MI ACTUACIÓN (Cualquiera que sea. Amb@s estábamos allí. Profundamente ignorantes. Tod@s cometemos errores, hacemos daño, nos hacen daño. Sufrimos. 
No hay culpa, hay responsabilidad. No niego los hechos ni los justifico. No soy mejor ni peor que tú. 
No tengo por qué reconciliarme contigo, pero puedo empezar a perdonarte, a perdonarme. Aunque el otr@ no se arrepienta. Es un movimiento completamente mío. 
4) TOMAR LA DECISIÓN DE LIBERARME. 
De desvincularme de la rabia, del resentimiento, del rencor, del odio…que me asfixian y me esclavizan. Que me hacen vivir en el sufrimiento, en la desconfianza, en la guerra continua, en el desamor, en el pasado, en la obsesión. 
Y para eso también tengo que liberar a la otra persona en mi mente: “Sigue tu camino. No quiero que me hagas más daño. No más. Pero sigue tu camino libre. Encuentra lo que tienes que encontrar. Aprende lo que tienes que aprender Adiós. Hemos caminado lo que teníamos qué caminar junt@s. Ahora somos, soy LIBRE. 
5) SENTIR Y AGRADECER LA DICHA DE HABERME LIBERADO, DE HABER APRENDIDO A VERME Y A VER. De sentirme desasido de la esclavitud del rencor, del resentimiento, de la rabia, de la proyección, de la culpa…Livian@, extraordinariamente livian@.
6) SER CONSCIENTE DE LA PAZ QUE ESTE MOVIMIENTO CREA,DA. Ya no soy dependiente del otr@, de la situación de víctima y del sufrimiento. Me uno a la vida, a la inmensa alegría de vivir. 
A la lucidez que, en última instancia, esta actitud provoca.

13 min

WOW, CUANDO VES QUE NO VES

Qué impresión! 
Qué sensación de lucidez!
Y es que parece un sinsentido, pero es tan real como la vida misma. Navegamos la vida cieg@s, dirmid@s, casi sin darnos cuenta. No le dedicamos tiempo ni atención a lo que (nos) ocurre y nos perdemos en discusiones, intentos desesperados de salvar nuestro ego, conflictos, culpas que echar a l@s dem@s, golpes de pecho para mostrar orgullo…
Y, un buen día, o, más probablemente, una noche, de repente, puedes ver con asombrosa claridad que no, que no te estás enterando, que no te has enterado. 
Y podría decir que casi lo puedes contemplar como una película en 3D : 
Cómo no me he dado cuenta de lo que “realmente “ estaba pasando? 
Cómo es posible que no fuera consciente del miedo o el agobio o la rabia o la angustia de la otra persona? 
Cómo es posible que no haya visto que solo con escucharla se transformaba todo? 
Cómo es posible que no supiera que podía dar mi brazo a torcer y no pasaba nada? 
Cómo es posible que no escuchara que hay otras razones tan válidas como la mía? 
Cómo es posible que no permaneciera un tiempo en silencio para permitirme ver qué ocurría dentro de mi? 
Por qué no guardaba otro tiempo para reflexionar y después poderlo hablar todo con calma? 
Por qué no respetarme y respetar a la otra persona en este lugar donde tod@s vamos equivocándonos? 
Qué bella cierta humildad !!
Y, en ese momento -que dura un no-tiempo-, donde ves y te ves, se encienden las luces de la noche en tu mente y descubres que todo, todo puede ser de otra manera. 
Incluso, se puede hacer feliz el camino.

RECONCILIARSE CONSIGO MISM@

Vive un@ con la profunda ignorancia de sí mism@. Se ha hecho una imagen, muy imaginada, de quién es el/ella, de cómo es su voz, su aspecto físico. De cómo lo ven los demás, de cómo se expresa y cómo es percibid@. De a qué puede aspirar social, personal, laboralmente y a qué no. Cuánto sabe, cuánto parece que sabe y, en definitiva quién es él/ella. 
De repente, un buen día, se ve, se escucha, por ejemplo en una entrevista, cómo es mi caso, y descubre a un tipo que rompe radicalmente con esa imagen, un poco absurda, un poco lastimosa, de sí mism@. Y se queda, cómo me quedé yo, imantado a esa nueva imagen, magnética, que echa por tierra todos sus prejuicios, sus falsas imágenes de sí mismo, sus clichés, sus limitaciones. 
Aquel sujeto que yo veía en la pantalla hablaba con una voz clara y firme. Parecía contento. Transmitía una gran energía. Y daba la impresión de tener seguridad en lo que decía. 
Es decir, según mis patrones mentales no era yo. 
Sin embargo, se llamaba exactamente igual que yo, vestía mi camisa, y se asemejaba 100% al tipo que yo veía por las mañanas en el espejo. 
Arruinadas mis expectativas, imágenes y prejuicios, descansé profundamente alterado y decidí, no sin zozobra, reconciliarme con aquel tipo de la pantalla, por si acaso era yo. 
Que todo puede ser, oiga.

DECIDIR O NO DECIDIR: ESA ES LA DECISIÓN

Como vamos en piloto automático no nos damos cuenta del poder y la capacidad que tenemos para tomar las riendas de nuestra vida y, así, liberarnos de muchas de las circunstancias que constituyen una pesada carga en nuestro día a día. 
Me refiero al odio, la rabia, el resentimiento, el rencor…
Y con esto no quiero decir que los reprimamos, los ignoremos o los expulsemos a golpes de nosotr@s o de nuestra mirada del mundo. No. Estoy hablando del poder intrínseco que habita en tomar la decisión de liberarnos de todo este bagaje haciéndonos conscientes, en primer lugar, de todas estas emociones y actitudes que tenemos contra personas, situaciones, relaciones, enfermedades, lugares, recuerdos…
Y tomando, en segundo lugar, la profunda determinación de vivir liberado de todo este sufrimiento al poder mirar cada uno de estos sentimientos a la cara y poder hacer, después, un gesto irreversible de libertad para situarnos en el lado consciente de la vida, en la gran (y casi siempre costosa) decisión de permitir que ese rencor, odio, resentimiento, rabia…se vayan, al haber realizado un verdadero ejercicio de expansión y de compromiso con la vida. 
Estoy hablando de atrevernos a soltar conscientemente todo este peso porque decido que lo que sucedió no fue exactamente como yo creo que sucedió y, porque, en cualquier caso, fue fruto de la ignorancia mía y del otr@ y porque, en definitiva, opto por vivir liberado del vínculo asfixiante que me une en el recuerdo del sufrimiento y en el sufrimiento del recuerdo con esa persona, esa situación, ese lugar…
Y, ahí, en ese instante, aparece la auténtica decisión: decido yo o me dejo llevar por esa inercia que me mata en vida, sigo sintiéndome víctima o me arriesgo a vivir libre.

PERO, ¿DE VERDAD EXISTE LA MUERTE?

No quiero escribir sobre la muerte. No quiero leer sobre la muerte. No quiero saber de la muerte. 
Me angustia. Nos angustia. 
En realidad, no la he mirado nunca a la cara. No me la puedo imaginar. No me la creo. 
No me puedo creer que un día me desconecte(n) de esto que llamamos vida. No me puedo creer que un día no pueda ver, oír, oler lo que aquí está pasando. Me resulta inimaginable. 
Aunque su presencia empapa mi vida cotidiana. Lo reconozca o no. Lo quiera ver o no. 
Cómo será eso? Qué hace la gente cuando va llegando a ese momento? Cómo se encara ese instante tan inaudito, tan increíble, con el que nos vamos a enfrentar tod@s? Qué se supone que ocurre ahí? Cómo puede un@ reaccionar? 
Me imagino que el hecho de que venga sin saber muy bien lo que ocurre, en el fondo, facilita que vaya sucediendo. O que suceda de golpe. Que todo puede suceder. 
No sabemos nada de la muerte. La vemos. No la podemos negar. Pero, no, a mí no me va a llegar. Es injusto. Es imposible. 
Y nos negamos a hablar de ella. Nos negamos a ir preparándonos. A estar preparados. Y mixtificamos su presencia desviando el tema hacia qué habrá después de ella. El caso es que ELLA no esté, no la reconozcamos, no exista. 
Vive, así pues, la muerte muerta de nuestra propia consciencia. Por eso no quería escribir lo que estoy escribiendo. 
Pero la muerte existe, aunque seguro, no es la muerte que nos imaginamos, la que creemos. Esa no. 
Pero, cómo será la auténtica? Adónde nos llevará? Qué hay en ese estar que es, al fin y al cabo, otra forma de vida? 
Vivir, morir son, quizá, dos maneras de decir lo mismo. Lo curioso es que el pánico a la muerte viene dado, directamente, por el hecho de que nos sitúa, frente a frente, con nuestra propia ignorancia de la vida.

MI ENTREVISTA 2

Por si alguien llego tarde, la entrevista está colgada en este enlace en el punto 3horas 16 minutos