¿ME ESCUCHAS?

Hay alguien ahí? 
De tan acostumbrad@s cómo estamos, nos resulta normal no escuchar ni ser escuchad@s, pero no lo es. Definitivamente, no lo es. Lo natural es escuchar y ser escuchado. 
Actividad fundamental en el ser humano, donde las haya. Tan importante que leí hace algún tiempo que en una tribu de Australia -en la actualidad- una de las personas más respetadas es la mujer-escucha, que se dedica a escuchar atentamente a quien quiera contarle algo, sin responderle , juzgarl@ o comentarle nada. 
La escucha nos modifica. 
Solo tienes que comprobar lo apabullantemente Impactante que es cuando escuchas a otr@ con toda atención y presencia. El efecto es inmediato: la otra persona se siente viva, reconocida, existida !!!!!!!!
Y qué decir de cuando un@ se empieza escuchar a sí mism@?
Aunque parezca un tópico, todo, absolutamente todo, se transforma. 
Tanta necesidad de escuchar, de escucharnos… y nosotr@s haciendo oídos sordos. Justificándonos conque no hay tiempo. O, peor aún, conque si a mí no me escuchan por qué voy a escuchar yo. O creyendo, sencillamente, que lo que la otra persona diga, no me interesa. Tremendo. Porque uno de los aspectos más hermosos de comenzar a escuchar es que vas descubriendo cuántas cosas tenemos tod@s que decir. Cuánta alegría y cuánto anhelo hay de ser escuchad@s. Desde pequeñ@s. Hasta la muerte. Qué inmensa revolución!!!!!!!
Y tan sencilla, tan inmediata, tan hermosa.

Separarse no es Romper

Aunque lo usamos indistintamente. Y,quizás, en cada separación hay una rotura, un romperse en pedacitos para volver a comenzar. 
Pero una ruptura no es lo mismo. Ni siquiera es lo mismo que una separación. 
Y seguimos creyendo que para separarse es necesaria una ruptura, sobre todo, la creencia profunda de que el otr@ me ha hecho algo suficientemente malo, doloroso, dañino…como para que me separe de él/ella, para que lo ”abandone”.
Qué interesante el lenguaje!!!
Sin embargo, una separación puede ser , simple y llanamente, un adiós, un “hasta aquí llegó nuestro camino juntos”, infinito reconocimiento por lo que he vivido contigo y lo que he aprendido contigo y de ti. Esta persona nueva que soy te agradece profundamente haber estado en mí evolucionar y te desea lo mejor. 
Y,claro que habrá reproches, desencuentros, diferentes puntos de vista…
Por eso hemos decidido emprender rutas nuevas y diferentes. Pero no hay culpa, no hay culpables, no hay enemig@s, no hay “si lo hubiera hecho de otra manera”. No hay más rabia de la necesaria, no hay “yo me libro, tú te hundes”. 
Y,tal vez me quede rot@, pero consciente de que hoy empieza un nuevo caminar. En paz

GRACIAS


Gracias por este día tan intenso. 
Otro más. 
Gracias por permitirme vislumbrar cuánta maravilla infinita está ahí, 
lista para ser descubierta. 
Gracias por permitirme ser consciente de mi ignorancia. 
Gracias porque todo se mueve, es apasionante y no tengo ni idea de nada. 
Gracias porque cae la noche y el sueño llega.
Infinitas gracias, Dios mío.

NI SIQUIERA DEJAMOS QUE NOS CUIDEN

Vivimos much@s human@s sin la conciencia clara que nos permita ver que estamos día a día en guerra con nosotr@s mism@s, con l@s otr@s, con el mundo, con la vida. Y nos parece tan normal. 
Nos han adoctrinado -y adoctrinamos nosotr@s- en la creencia de que hay que ser fuertes, invulnerables, independientes, bien independientes, capaces (de todo), indestructibles, autosuficientes (faltaría más), inasequibles al desaliento, solos contra todo y contra tod@s. 
Allá en el fondo, aislados, asustados, vulnerables, incapaces (de muchas cosas, por qué no?) desorientados, extraviados, tiern@s, amoros@s. 
Pero, que no se entere nadie, no vayan a creer que soy débil, que no puedo con la vida. 
Y si hace falta haré cursos de lo que sea, pediré ayuda del tipo que sea…para ser más fuerte aún , más invulnerable aún, más autosuficiente si cabe. 
Hasta tal extremo llevamos esto (sin consciencia, por supuesto) que en el éxtasis de nuestra obstinación nos negamos, incluso, a que nos cuiden (aunque proclamemos a los cuatro vientos que nos encantaría que nos cuidasen).
Es más, puede ser que si alguien pretende cuidarnos, a lo peor, confusos y asustados, nos liemos a dar coces por si acaso eso funciona y nos volvemos tibi@s, dependientes, frágiles, tiern@s, heribles.
Y volvemos a nuestra dureza cotidiana convencid@s de que el mundo es malo, de que no te puedes fiar de nadie, de que si te dejas caer te humillan, te golpean, te dañan. 
Aunque yo sí, yo sería de otra manera pero es que no se lo merecen, es que -ya lo he dicho- no te puedes fiar…
Y por los andurriales más íntimos cae una lágrima de añoranza. Y, desde esta perspectiva, puedes ver cómo tod@s, sin embargo, andamos ahítos de que nos abracen y nos mimen para dejarnos caer como aquel niñ@ desvalido que aún somos en algun recóndito lugar. Aunque nunca lo vaya a reconocer…y aún menos lo voy a dejar salir.

TOD@S NOS VAMOS CONTANDO HISTORIAS

Que nos dicen quiénes somos, cómo somos, cómo es el mundo, la vida -nuestra vida-, nuestro potencial y nuestras capacidades. 
Quién es el otr@ y cómo es, a qué se puede atrever y a qué no, qué relación tiene conmigo y hasta qué piensa.
Cómo es cada miembro de mi familia y mi familia en general. 
Qué me gusta, adónde tengo que ir y con quién…
Historias, historias, historias sin fin. 
Que nos acotan, definen y determinan. 
Tanto como para establecer con rotundidad nuestra visión de lo que es posible y lo que no. 
Historias que, a lo mejor, podemos cuestionar radicalmente. O, simplemente, poner en duda. O, quizás, revisar. O, por qué no, transformar. 
Y es que nuestras historias tienen una gran virtud: no están acabadas mientras nuestra vida esté operativa. 
Y a pesar de eso, tan evidente, solemos ir al pasado de la mano de ellas o nos obstinamos en remarcarlas para solucionar los problemas que nos acechan. para cambiar nuestra vida o nuestra visión del mundo. 
Sin darnos cuenta de que la historia que nos contamos está por vivir y en ese punto podemos decidir si esa narración que nos hemos contado nos sigue sirviendo o si, por el contrario, decidimos que es hora de contarnos otra, otras. O, tan solo, ver que hay muchas historias posibles. 
Menuda juerga vivir sabiendo que mi historia no es más que una historia posible entre muchas otras. 
Se imaginan?