NI SIQUIERA DEJAMOS QUE NOS CUIDEN

Vivimos much@s human@s sin la conciencia clara que nos permita ver que estamos día a día en guerra con nosotr@s mism@s, con l@s otr@s, con el mundo, con la vida. Y nos parece tan normal. 
Nos han adoctrinado -y adoctrinamos nosotr@s- en la creencia de que hay que ser fuertes, invulnerables, independientes, bien independientes, capaces (de todo), indestructibles, autosuficientes (faltaría más), inasequibles al desaliento, solos contra todo y contra tod@s. 
Allá en el fondo, aislados, asustados, vulnerables, incapaces (de muchas cosas, por qué no?) desorientados, extraviados, tiern@s, amoros@s. 
Pero, que no se entere nadie, no vayan a creer que soy débil, que no puedo con la vida. 
Y si hace falta haré cursos de lo que sea, pediré ayuda del tipo que sea…para ser más fuerte aún , más invulnerable aún, más autosuficiente si cabe. 
Hasta tal extremo llevamos esto (sin consciencia, por supuesto) que en el éxtasis de nuestra obstinación nos negamos, incluso, a que nos cuiden (aunque proclamemos a los cuatro vientos que nos encantaría que nos cuidasen).
Es más, puede ser que si alguien pretende cuidarnos, a lo peor, confusos y asustados, nos liemos a dar coces por si acaso eso funciona y nos volvemos tibi@s, dependientes, frágiles, tiern@s, heribles.
Y volvemos a nuestra dureza cotidiana convencid@s de que el mundo es malo, de que no te puedes fiar de nadie, de que si te dejas caer te humillan, te golpean, te dañan. 
Aunque yo sí, yo sería de otra manera pero es que no se lo merecen, es que -ya lo he dicho- no te puedes fiar…
Y por los andurriales más íntimos cae una lágrima de añoranza. Y, desde esta perspectiva, puedes ver cómo tod@s, sin embargo, andamos ahítos de que nos abracen y nos mimen para dejarnos caer como aquel niñ@ desvalido que aún somos en algun recóndito lugar. Aunque nunca lo vaya a reconocer…y aún menos lo voy a dejar salir.

TOD@S NOS VAMOS CONTANDO HISTORIAS

Que nos dicen quiénes somos, cómo somos, cómo es el mundo, la vida -nuestra vida-, nuestro potencial y nuestras capacidades. 
Quién es el otr@ y cómo es, a qué se puede atrever y a qué no, qué relación tiene conmigo y hasta qué piensa.
Cómo es cada miembro de mi familia y mi familia en general. 
Qué me gusta, adónde tengo que ir y con quién…
Historias, historias, historias sin fin. 
Que nos acotan, definen y determinan. 
Tanto como para establecer con rotundidad nuestra visión de lo que es posible y lo que no. 
Historias que, a lo mejor, podemos cuestionar radicalmente. O, simplemente, poner en duda. O, quizás, revisar. O, por qué no, transformar. 
Y es que nuestras historias tienen una gran virtud: no están acabadas mientras nuestra vida esté operativa. 
Y a pesar de eso, tan evidente, solemos ir al pasado de la mano de ellas o nos obstinamos en remarcarlas para solucionar los problemas que nos acechan. para cambiar nuestra vida o nuestra visión del mundo. 
Sin darnos cuenta de que la historia que nos contamos está por vivir y en ese punto podemos decidir si esa narración que nos hemos contado nos sigue sirviendo o si, por el contrario, decidimos que es hora de contarnos otra, otras. O, tan solo, ver que hay muchas historias posibles. 
Menuda juerga vivir sabiendo que mi historia no es más que una historia posible entre muchas otras. 
Se imaginan?

SEGÚN


Experimentado en un tren de cercanías de Barcelona. Allá donde miraba veía una pareja besándose y abrazándose. Qué cosas, no?

CURSO DE MILAGROS

1 Sesión cada 3 semanas. 
Sábados de 18 a 20 h
(Hora de Madrid)
Empezamos sábado 
27 de Mayo. 
Más información e inscripciones en mi web
conversaresweb.com

Ni nos podemos imaginar otra vida

Reza el Curso de Milagros en su Prefacio: “El conocimiento es la verdad y está regido por una sola ley: la ley del amor o Dios. La verdad es inalterable, eterna e inequívoca. La verdad está más allá del aprendizaje porque está más allá del tiempo y de todo proceso. No tiene opuestos ni principio ni fin. Simplemente es”.
Esto es absolutamente inimaginable para nosotr@s.
No podemos ni siquiera vislumbrar cómo es vivir así, estar así, basándonos en un concepto de verdad como este. Con esa certitud, esa tranquilidad, esa fusión con la vida. No, no lo podemos sentir, creer, ver, soñar. Ese mundo no existe para nosotr@s. 
Así que nos aferramos a este, a nuestro ego, a la rutina mortificante, a trabajar en lugares de esclavitud, a soportar en lugar de disfrutar, a odiar en lugar de amar, a permanecer en el rencor en lugar de volar libres, a alentar el resentimiento en lugar de descubrir la paz. 
Pero esa otra vida existe. No sé dónde ni cómo. Pero existe. Seguro