LAS CUATRO LEYES DE LA ESPIRITUALIDAD HINDÚ (IV)

La cuarta ley, relacionada con el moksha o liberación espiritual, dice algo muy, muy simple, aunque bastante complicado de cumplir en toda su extensión y profundidad: “Cuando algo termina, se termina”.
Es tan básica esta afirmación que sí se lo digo a alguien me mira con cara de estupefacción, como si no hubiera nada más que añadir o comentar al respecto.
Pero cuando un@ lo vive en su propia experiencia, la cosa cambia. Ni siquiera cuando está claro y dicho que una relación, por ejemplo, está acabada, están todos los vínculos cortados.
Queda un periodo por delante, bastante interesante, en que los rescoldos de esa relación aún queman y en que los recuerdos compartidos, las vivencias, los pequeños y múltiples lazos de unión, se han de ir cortando uno a uno en nuestro interior. Y colocándolos en un lugar donde puedan reposar de manera amable y no dañina.
Pero no solo es en las relaciones personales. También se quedan energías y vivencias en el aire cuando se acaba un proyecto, un trabajo, cualquier nivel de estudios…y así hasta el infinito. Aunque, muchas veces, no somos conscientes de esto. O no le ponemos toda la atención que se merece. O,sencillamente, no lo queremos vivir. Y, a pesar de lo famosa que es la frase “hay que vivir el duelo”, nos cuesta dejar ir.
Y es normal. Hay tanta fuerza de tracción en todo “eso” que queda por medio; tanto vértigo en mirar lo que se nos viene por delante; tanta inercia que de repente se termina (o lo parece)…
Sin embargo, qué hermoso puede ser permitirnos que esto suceda a su ritmo, conscientes de su importancia, sabedores de nuestra ignorancia profunda y del desequilibrio entre querer que algo se acabe y que se acabe de verdad.
Podemos experimentar cada día que la vida es puro cambiar y nosotr@s, ahí, no tenemos otra que aprender a vivir en ello, con ello… inmersos -y conscientes- en todas las resistencias que podamos ofrecer.

LAS CUATRO LEYES DE LA ESPIRITUALIDAD HINDÚ (III)

La tercera ley vinculada al ciclo de samsara o renacimiento nos dice: “Todo ocurre cuando tiene que ocurrir. Las cosas suceden cuando estamos preparados, ni antes ni después.”
Es tan ajeno esto a nuestra cultura que cuando lo lees te suena a algo inconcebible, algo vacío de significado. Palabras. Pero tienen sentido. Completo. Solo cuando estás preparado para vivir, en toda su extensión, cualquier reto que te pueda poner la vida es cuando puede suceder. Es decir, es cuando sucede. Ni antes ni después.
Esto implica, de entrada, aceptar que hay un orden y organización natural/universal que funciona de manera sincrónica y perfecta.
Que en su devenir armónico cohesiona todo lo que sucede de manera absolutamente ininteligible para nosotr@s, pero evidente con solo mirar una noche el cielo y su indescifrable existencia.
Implica,también, reconocer que lo que me llegó y yo viví no fue un error, un hecho a destiempo, algo para lo que no estaba preparado. Lo estaba y la vida me lo evidenció. Otra cosa es que a mi me gustara o que el resultado aparente fuera decepcionante para mi. O que piense que podría haber sido de otra manera o en otro tiempo de mi vida.
Implica,por último, que no tengo que correr o acelerarme Ni enloquecer porque creo que voy a perder un tren O que esto o aquello no va a suceder porque no llego en el momento justo. O soy inmaduro para vivirlo.
No. Todo ocurre cuando tiene que ocurrir y en ese momento estaré preparado para vivirlo. La madurez está ahí antes de que yo me dé cuenta.
Por tanto, yo “sólo” tengo que sumarme a ese baile, a esa cadencia y permitir que ocurra. Y saberme lo suficientemente maduro y preparado para que pase.
O sea que, calma, las cosas llegarán cuando tengan que llegar, justo en el momento en que empiece el baile para ti. Que lo disfrutes.

LAS CUATRO LEYES DE LA ESPIRITUALIDAD HINDÚ (II)

La segunda ley, ley de la gratitud o Karma, reza así:
“Lo que sucede es la única cosa que podía haber sucedido”.
Esto tiene unas implicaciones portentosas. Nada podría haber sido de otra manera por lo que sobran todos los “y si…”. Es un ahorro de energía brutal: stop a mirar el pasado para recrearme en lo que hubiera podido hacer o no debería haber hecho. Estoy aquí, en el presente, con esta situación, y aquí y ahora es donde tengo que resolverla. Las lamentaciones no tienen sentido. Pasó lo que tenia que pasar y fue lo mejor que podía pasar porque fue lo único que pasó. Y eso propició que aprendiera lo que tenia que aprender para ser el que soy ahora. En continua evaluación, en un proceso constante de descubrimiento, de expansión de la conciencia.
Es, también, un movimiento de humildad : yo no veo por qué pasó lo que pasó. Me entra rabia. No quiero que sea lo que fue. Pero fue. Y yo, en mi raquítica visión de la vida, del universo, del devenir de las cosas, no sé ni entiendo por qué fue así, pero con toda seguridad fue lo que tenía que ser para que se produjera el momento de máximo aprendizaje en mi y en todo el universo.
Por tanto, todo está en su sitio (a pesar de que yo pueda sufrir o no lo entienda o no lo quiera o no me guste) y todo tiene una cadencia, un orden, una armonía de organización natural donde yo puedo actuar aceptándolo o no, enfocándome en el presente o desviándome al pasado, entregándome al momento o rehuyéndolo. Todo es vida…y yo intento vivirla dando lo mejor de mí aquí, ahora.

LAS 4 LEYES DE LA ESPIRITUALIDAD HINDÚ (I)

Son 4 principios que descubrí por “casualidad” y que, en su aparente simplicidad”, me dieron una gran explicación y un marco de referencia para entender mi vida y la vida en general.
Derivan de las antiguas enseñanzas védicas y otras escrituras sagradas y se enseñan a l@s niñ@s en la India.
La primera ley o Dharma dice así:
“La persona que llega a tu vida es la persona correcta”
Algo difícil de creer cuando tus relaciones con otras personas te han ido mal o muy mal. Cuando crees, profundamente, que te has equivocado, qué deberías haber elegido a otra persona que, esa sí, te habría hecho feliz. Cuando crees que el/la otr@ es culpable de todo y tú,simplemente, una víctima.
Pero si puedes mirar desde otra perspectiva es muy liberadora. No me he equivocado ni me voy a equivocar. Esa persona es la que tenia que llegar a mi vida para que yo pudiera ver lo que tenia que ver, para experimentar lo que tenia que experimentar, para dar el salto de conciencia que tenia que dar. No hay equivocaciones al respecto en el universo por mucho que nosotr@s, en nuestra ignorancia, lo creamos así.
Pero también, desde una perspectiva mucho más amplia, nos habla de la interdependencia de personas, cosas y animales en este planeta, en donde vivimos interactuando y en una danza sagrada que casi nunca percibimos porque vivimos en la superficie de lo que sucede.
Sin embargo, esta danza existe y nos permite vivir en armonía con ella o rechazarla y estar en continua disputa con ella y con quienes comparten nuestra vida.
Y es que, ese o esa que llegó a nuestra vida, mucho más allá de hacernos felices o desgraciados, nos ofrecen la oportunidad única de aprender, de descubrir(nos) y, por ende, de transformarnos. Aunque muchas veces sea doloroso o difícil de ver.

DECISIONES X

Esta serie de DECISIONES fue ideada y llevada a cabo para mostrar que las decisiones están, son, una parte de nuestra vida consciente que nos permite evaluar el día a día, nuestra situación; tomar conciencia, elegir un camino y una mirada; aprender, hacernos responsables, situarnos, actuar; descubrir que estamos en la vida y somos protagonistas de ella; que no somos víctimas de nada y que la vida no está en guerra con nosotr@s o atacándonos inmisericorde.
Tomar la decisión de no resistirnos a lo que (nos) ocurre o de enfrentar una situación en lugar de negarla o evadirnos de ella…son elecciones que nos permiten vivir de una manera u otra, que colaboran u obstaculizan la plenitud de nuestra vida, el brillo del mundo, la armonía del planeta…
Y también nos posibilita descubrir herramientas tan valiosas como la honestidad y la humildad.
Si no soy honesto conmigo mismo, cualquier punto de partida para tomar una decisión será falso o estará distorsionado. Aunque es evidente que ser honesto en situaciones dolorosas no es tan sencillo… pero la recompensa por serlo es brutal.
Y, además, las decisiones que tomamos desde ese punto de vista honesto son, de verdad, eficaces, reales. Con una magnitud de bienestar que solo puedes percibir cuando lo compruebas por ti mismo. En el formato de humildad que te permite reconocer que siempre estás aprendiendo y siendo consciente, cada vez más, de cuánto no sabes , de cuánto está por descubrir. Vestido todo con una ligera sonrisa que asoma entre los labios…

DECISIONES IX

¿Cómo decido vivir el discurrir de mi día de hoy?
Esta es una gran decisión. Quizás la más trascendental, aunque no lo parezca. Porque no hay otro tiempo, otro lugar que esté, ahora. Y si decido no resistirme a él, entregarme, me estoy lanzando a la vida de lleno, sin paracaídas.
Pero, además, puedo decidir “cómo “. Es decir, cómo me sitúo en este instante, en este tiempo que llamamos hoy. Cómo salgo a la calle, con qué talante. Cómo estoy consciente, Presente, atento a cuanto suceda. Si reacciono , inconsciente, a todo lo que me ocurre o si por el contrario, escucho, doy tiempo, miro -me miro-, acepto una cadencia interior pensada para permitirme una segunda y una tercera revisión de lo que pasa por mi interior y,así, darme una oportunidad para accionar y no reaccionar ciegamente.
Es, también, la decisión de creer -quizás mejor, saber- que lo que me ocurre, en realidad, es la mirada con la que juzgo, dibujo, filtro, lo que “creo” que me ocurre y, por eso, puedo elegir qué conciencia le otorgo a mi mirada para que pueda evaluar, de una manera u otra, las consecuencias e implicaciones de mi interacción con la vida , con el discurrir del día a día, del hoy qué se despierta cada mañana, dándonos la oportunidad de ser cada vez más sabio, de estar cada vez más presente, de poder jugar con lo que la vida nos trae, decididos a expandir nuestra conciencia sin fin.
Llenos de gozo.

DECISIONES VIII

Los seres humanos somos capaces de crear el mundo. No solo de cambiarlo. De crearlo. Cada uno de nosotr@s. En cada instante. En cada decisión. En cada mirada, estamos creando el mundo. Conscientes o inconscientes, creamos el mundo. Cada día.
Si yo vivo en la queja, en el pesimismo, la desesperación, el “todo va a peor”, la desconfianza, la visión estrecha y limitada de la conciencia, la convicción de que el ser humano no tiene remedio, la fe en que un@ no puede cambiar nada, en que siempre hay alguien que se aprovecha, en el miedo de que todo lo que se avecina es terrorífico…estoy creando ese mundo, lo estoy expandiendo.
Sin darme cuenta colaboro para alimentar una sociedad sin propósito, sin conciencia, sin escrúpulos.
Si yo, en cambio, empiezo a contribuir con ese ser orgánico que es la humanidad siendo proactivo en todo aquello que me parece fundamental para la expansión de la conciencia, si yo me hago responsable de todos mis actos cotidianos, si puedo ver el lado brillante de este mundo y mostrarlo a l@s demás (incluso con pasión), si voy aprendiendo a amar el mundo con sus sombras y a mí con las mías, si intento vivir en la conciencia profunda de que tod@s somos un@ y lo único que existe es este momento lleno de vida, si puedo ver y compartir las gracias por todo lo que recibo cada día…entonces estoy creando un mundo asombroso de belleza, libertad y plenitud inimaginables.
Para nosotr@s y para cualquier human@ y no human@ en este planeta.
Decisión consciente donde las haya.

DECISIONES VII

Vivir con conciencia. Vivir sin conciencia. Esto lo cambia todo. Y, en el fondo, también es una decisión. Un punto en el que opto por, de la manera que sea, abrirme a que mi conciencia se expanda. A ser consciente de qué hago, dónde estoy, qué está ocurriendo.
La decisión de no escaparme constantemente: de este momento, de lo que creo que sucede, de lo que pienso, de lo que siento, de lo que me irrita, de lo que me ocupa y preocupa… de lo que soy.
Estamos, muchas veces, buscando maneras de evadirnos; es más, esto es casi una obligación en nuestra sociedad: emborracharnos, drogarnos, tener cualquier tipo de adicción, desvincularnos del vivir de ahora…está visto como un objetivo en sí mismo, como la expresión máxima de fiesta, “despreocupación “, éxtasis; esto, según nuestra cultura actual, es vivir de verdad, frente al rollo de ser consciente de esta vida gris, monótona, ruinosa… que siempre conduce al fracaso y, finalmente, a la muerte.
Pero, no es así. Ciertamente no es así.
La conciencia, por sí misma, ilumina cualquier rincón de nuestra existencia.
Puede ser que al principio (o en algún otro momento) nos duela ver lo que descubrimos con nuestra mirada chiquita y juzgadora, pero, cuando sigues mirando y la conciencia se va expandiendo, cada vez juzgas -te juzgas- menos. Una gran calma va inundándote y te vas sabiendo parte de una armonía universal que lo impregna y organiza todo.
Y así cambian tus prioridades, tu percepción de la vida -y de la muerte-. Tu percepción del día a día, de lo que hago, del dar y recibir, del preocuparse o no por controlar la vida; con la clara lucidez del que no sabe nada, absolutamente nada, pero está en el camino de estar en paz con todo.
Y es que ahora, en este instante, brilla el sol de nuevo…dondequiera que estés y hagas lo que hagas.

DECISIONES VI

Es muy poco probable que en nuestras preocupaciones, pensamientos, prioridades sobre qué hago en la vida, con qué me gano el pan, de qué manera paso por este mundo en este tiempo limitado que se nos ha concedido,repito, es muy poco probable que contemplemos la oportunidad, el impulso, la necesidad de servir al mundo, a la vida, a los demás. 
Y plantearnos cómo y qué hacer para que este lugar donde habitamos y nos intercomunicamos sea más y más hermoso, libre, consciente y todo lo que esa palabra implica: paz, plenitud, satisfacción, alegría, respeto por lugares, personas, animales…desde nuestra humanidad, con nuestras sombras, en un abrazo completo. 
Creo que la primera vez que tuve conciencia de esto fue en una conversación con mi padre en la que me hablaba de su inmensa satisfacción por aportar su granito de arena, con su actividad, para construir un mundo mejor. Era uno de los principales motores en su vida. 
Me quedé impresionado. Yo era muy joven y vi una perspectiva que no había contemplado nunca. Yo pensaba en el cambio a través de la política, la protesta, el grito, la revolución…
Él me hablaba desde el devenir cotidiano, desde el quehacer de su actividad, desde la relación diaria con otros human@s/herman@s, desde el respeto, la empatía y la mirada hacia el otr@. 
De él aprendí también a entrar en un banco y saludar a tod@s, preguntar por su familia, hacerles saber que su existencia era importante. 
Los tiempos han cambiado (y cuánto) y, por eso, a esto añadiría ahora la importancia y el cuidado por la tierra en la que convivimos. La conciencia de que no sólo l@s human@s habitamos aquí. 
Con todo, persiste en mí -fuertemente- esa decisión completa, consciente y decidida de que en lo que hago -también para ganarme la vida- sí o sí quiero tener en cuenta-como algo prioritario- en qué contribuyo para que “esto” sea un hogar feliz. 
Así la maravilla empieza en mi, porque parafraseando a Jeff Foster quiero ser “la belleza que quiero ver en este mundo”. Que así sea.

DECISIONES V

¿Cómo y con qué ganar dinero? Pareciera que esta pregunta no se la puede hacer un@ mism@. 
Es como si la respuesta ya estuviera escrita y lo único que un@ tiene que hacer es acertar con lo que ya está predeterminado que se tiene que hacer para ganar dinero. Ahí entran prejuicios tan obstinados y enraizados como el de “esto tiene salida” (o no). 
O el de “lo que te entusiasma y disfrutas no es para un trabajo que dé dinero” (el dinero se ha de ganar con esfuerzo, sufrimiento, renuncia a tus pasiones…)
O el de que el arte no sirve para vivir de él (cualquier arte).
O el de que el objetivo es ganar dinero y el cómo no tiene mucha importancia (se supone que una vez tengas dinero todo -o casi todo- estará solucionado).
Es decir, economía de supervivencia. 
Por eso, cuestionar estos prejuicios-que casi todo el mundo considera irrefutables- es casi un sacrilegio, después de que generaciones y generaciones solo tuvieran como objetivo en la vida sobreviví.
Así que poc@s parten de la perspectiva de que el dinero es un efecto y no una causa. Esto es, que lo importante es saber qué hago en esta vida y que si lo que hago lo hago bien -o sea, con pasión, entusiasmo, talento, entrega, conocimiento del tema…- la consecuencia lógica es que esa actividad me traiga dinero. 
Increíblemente, esto no se lo cree casi nadie.
Pero podemos decidir cómo y qué hacemos para ganar dinero. Claro que sí. Y en la ecuación-como dice el ikigay-debería entrar también si lo que hago sirve para que este mundo sea un lugar más habitable, más amable, con más conciencia y alineado con la fuerza vital. 
Porque somos un todo conectado con la vida y la vida es abundancia. 
Al final, como dice Eckart Tolle, hay un propósito interior (descubrirse a un@ mism@ como ser consciente y, por tanto, contribuir a la creación de un nuevo mundo consciente) y un propósito exterior, que puede variar pero que cuando se alinea con el propósito interior produce una explosión nuclear de entusiasmo, paz y plenitud. 
¿Por qué no lo pruebas?