DECISIONES X

Esta serie de DECISIONES fue ideada y llevada a cabo para mostrar que las decisiones están, son, una parte de nuestra vida consciente que nos permite evaluar el día a día, nuestra situación; tomar conciencia, elegir un camino y una mirada; aprender, hacernos responsables, situarnos, actuar; descubrir que estamos en la vida y somos protagonistas de ella; que no somos víctimas de nada y que la vida no está en guerra con nosotr@s o atacándonos inmisericorde.
Tomar la decisión de no resistirnos a lo que (nos) ocurre o de enfrentar una situación en lugar de negarla o evadirnos de ella…son elecciones que nos permiten vivir de una manera u otra, que colaboran u obstaculizan la plenitud de nuestra vida, el brillo del mundo, la armonía del planeta…
Y también nos posibilita descubrir herramientas tan valiosas como la honestidad y la humildad.
Si no soy honesto conmigo mismo, cualquier punto de partida para tomar una decisión será falso o estará distorsionado. Aunque es evidente que ser honesto en situaciones dolorosas no es tan sencillo… pero la recompensa por serlo es brutal.
Y, además, las decisiones que tomamos desde ese punto de vista honesto son, de verdad, eficaces, reales. Con una magnitud de bienestar que solo puedes percibir cuando lo compruebas por ti mismo. En el formato de humildad que te permite reconocer que siempre estás aprendiendo y siendo consciente, cada vez más, de cuánto no sabes , de cuánto está por descubrir. Vestido todo con una ligera sonrisa que asoma entre los labios…

DECISIONES IX

¿Cómo decido vivir el discurrir de mi día de hoy?
Esta es una gran decisión. Quizás la más trascendental, aunque no lo parezca. Porque no hay otro tiempo, otro lugar que esté, ahora. Y si decido no resistirme a él, entregarme, me estoy lanzando a la vida de lleno, sin paracaídas.
Pero, además, puedo decidir “cómo “. Es decir, cómo me sitúo en este instante, en este tiempo que llamamos hoy. Cómo salgo a la calle, con qué talante. Cómo estoy consciente, Presente, atento a cuanto suceda. Si reacciono , inconsciente, a todo lo que me ocurre o si por el contrario, escucho, doy tiempo, miro -me miro-, acepto una cadencia interior pensada para permitirme una segunda y una tercera revisión de lo que pasa por mi interior y,así, darme una oportunidad para accionar y no reaccionar ciegamente.
Es, también, la decisión de creer -quizás mejor, saber- que lo que me ocurre, en realidad, es la mirada con la que juzgo, dibujo, filtro, lo que “creo” que me ocurre y, por eso, puedo elegir qué conciencia le otorgo a mi mirada para que pueda evaluar, de una manera u otra, las consecuencias e implicaciones de mi interacción con la vida , con el discurrir del día a día, del hoy qué se despierta cada mañana, dándonos la oportunidad de ser cada vez más sabio, de estar cada vez más presente, de poder jugar con lo que la vida nos trae, decididos a expandir nuestra conciencia sin fin.
Llenos de gozo.

DECISIONES VIII

Los seres humanos somos capaces de crear el mundo. No solo de cambiarlo. De crearlo. Cada uno de nosotr@s. En cada instante. En cada decisión. En cada mirada, estamos creando el mundo. Conscientes o inconscientes, creamos el mundo. Cada día.
Si yo vivo en la queja, en el pesimismo, la desesperación, el “todo va a peor”, la desconfianza, la visión estrecha y limitada de la conciencia, la convicción de que el ser humano no tiene remedio, la fe en que un@ no puede cambiar nada, en que siempre hay alguien que se aprovecha, en el miedo de que todo lo que se avecina es terrorífico…estoy creando ese mundo, lo estoy expandiendo.
Sin darme cuenta colaboro para alimentar una sociedad sin propósito, sin conciencia, sin escrúpulos.
Si yo, en cambio, empiezo a contribuir con ese ser orgánico que es la humanidad siendo proactivo en todo aquello que me parece fundamental para la expansión de la conciencia, si yo me hago responsable de todos mis actos cotidianos, si puedo ver el lado brillante de este mundo y mostrarlo a l@s demás (incluso con pasión), si voy aprendiendo a amar el mundo con sus sombras y a mí con las mías, si intento vivir en la conciencia profunda de que tod@s somos un@ y lo único que existe es este momento lleno de vida, si puedo ver y compartir las gracias por todo lo que recibo cada día…entonces estoy creando un mundo asombroso de belleza, libertad y plenitud inimaginables.
Para nosotr@s y para cualquier human@ y no human@ en este planeta.
Decisión consciente donde las haya.

DECISIONES VII

Vivir con conciencia. Vivir sin conciencia. Esto lo cambia todo. Y, en el fondo, también es una decisión. Un punto en el que opto por, de la manera que sea, abrirme a que mi conciencia se expanda. A ser consciente de qué hago, dónde estoy, qué está ocurriendo.
La decisión de no escaparme constantemente: de este momento, de lo que creo que sucede, de lo que pienso, de lo que siento, de lo que me irrita, de lo que me ocupa y preocupa… de lo que soy.
Estamos, muchas veces, buscando maneras de evadirnos; es más, esto es casi una obligación en nuestra sociedad: emborracharnos, drogarnos, tener cualquier tipo de adicción, desvincularnos del vivir de ahora…está visto como un objetivo en sí mismo, como la expresión máxima de fiesta, “despreocupación “, éxtasis; esto, según nuestra cultura actual, es vivir de verdad, frente al rollo de ser consciente de esta vida gris, monótona, ruinosa… que siempre conduce al fracaso y, finalmente, a la muerte.
Pero, no es así. Ciertamente no es así.
La conciencia, por sí misma, ilumina cualquier rincón de nuestra existencia.
Puede ser que al principio (o en algún otro momento) nos duela ver lo que descubrimos con nuestra mirada chiquita y juzgadora, pero, cuando sigues mirando y la conciencia se va expandiendo, cada vez juzgas -te juzgas- menos. Una gran calma va inundándote y te vas sabiendo parte de una armonía universal que lo impregna y organiza todo.
Y así cambian tus prioridades, tu percepción de la vida -y de la muerte-. Tu percepción del día a día, de lo que hago, del dar y recibir, del preocuparse o no por controlar la vida; con la clara lucidez del que no sabe nada, absolutamente nada, pero está en el camino de estar en paz con todo.
Y es que ahora, en este instante, brilla el sol de nuevo…dondequiera que estés y hagas lo que hagas.

DECISIONES VI

Es muy poco probable que en nuestras preocupaciones, pensamientos, prioridades sobre qué hago en la vida, con qué me gano el pan, de qué manera paso por este mundo en este tiempo limitado que se nos ha concedido,repito, es muy poco probable que contemplemos la oportunidad, el impulso, la necesidad de servir al mundo, a la vida, a los demás. 
Y plantearnos cómo y qué hacer para que este lugar donde habitamos y nos intercomunicamos sea más y más hermoso, libre, consciente y todo lo que esa palabra implica: paz, plenitud, satisfacción, alegría, respeto por lugares, personas, animales…desde nuestra humanidad, con nuestras sombras, en un abrazo completo. 
Creo que la primera vez que tuve conciencia de esto fue en una conversación con mi padre en la que me hablaba de su inmensa satisfacción por aportar su granito de arena, con su actividad, para construir un mundo mejor. Era uno de los principales motores en su vida. 
Me quedé impresionado. Yo era muy joven y vi una perspectiva que no había contemplado nunca. Yo pensaba en el cambio a través de la política, la protesta, el grito, la revolución…
Él me hablaba desde el devenir cotidiano, desde el quehacer de su actividad, desde la relación diaria con otros human@s/herman@s, desde el respeto, la empatía y la mirada hacia el otr@. 
De él aprendí también a entrar en un banco y saludar a tod@s, preguntar por su familia, hacerles saber que su existencia era importante. 
Los tiempos han cambiado (y cuánto) y, por eso, a esto añadiría ahora la importancia y el cuidado por la tierra en la que convivimos. La conciencia de que no sólo l@s human@s habitamos aquí. 
Con todo, persiste en mí -fuertemente- esa decisión completa, consciente y decidida de que en lo que hago -también para ganarme la vida- sí o sí quiero tener en cuenta-como algo prioritario- en qué contribuyo para que “esto” sea un hogar feliz. 
Así la maravilla empieza en mi, porque parafraseando a Jeff Foster quiero ser “la belleza que quiero ver en este mundo”. Que así sea.

DECISIONES V

¿Cómo y con qué ganar dinero? Pareciera que esta pregunta no se la puede hacer un@ mism@. 
Es como si la respuesta ya estuviera escrita y lo único que un@ tiene que hacer es acertar con lo que ya está predeterminado que se tiene que hacer para ganar dinero. Ahí entran prejuicios tan obstinados y enraizados como el de “esto tiene salida” (o no). 
O el de “lo que te entusiasma y disfrutas no es para un trabajo que dé dinero” (el dinero se ha de ganar con esfuerzo, sufrimiento, renuncia a tus pasiones…)
O el de que el arte no sirve para vivir de él (cualquier arte).
O el de que el objetivo es ganar dinero y el cómo no tiene mucha importancia (se supone que una vez tengas dinero todo -o casi todo- estará solucionado).
Es decir, economía de supervivencia. 
Por eso, cuestionar estos prejuicios-que casi todo el mundo considera irrefutables- es casi un sacrilegio, después de que generaciones y generaciones solo tuvieran como objetivo en la vida sobreviví.
Así que poc@s parten de la perspectiva de que el dinero es un efecto y no una causa. Esto es, que lo importante es saber qué hago en esta vida y que si lo que hago lo hago bien -o sea, con pasión, entusiasmo, talento, entrega, conocimiento del tema…- la consecuencia lógica es que esa actividad me traiga dinero. 
Increíblemente, esto no se lo cree casi nadie.
Pero podemos decidir cómo y qué hacemos para ganar dinero. Claro que sí. Y en la ecuación-como dice el ikigay-debería entrar también si lo que hago sirve para que este mundo sea un lugar más habitable, más amable, con más conciencia y alineado con la fuerza vital. 
Porque somos un todo conectado con la vida y la vida es abundancia. 
Al final, como dice Eckart Tolle, hay un propósito interior (descubrirse a un@ mism@ como ser consciente y, por tanto, contribuir a la creación de un nuevo mundo consciente) y un propósito exterior, que puede variar pero que cuando se alinea con el propósito interior produce una explosión nuclear de entusiasmo, paz y plenitud. 
¿Por qué no lo pruebas?

DECISIONES IV

Muchas veces viene gente a “conversar” conmigo a causa de sus relaciones de pareja y, también muchas veces, suelen culpar al otr@ de lo mal que funcionan sus relaciones. 
Pocas veces, sin embargo, un@ asume, reconoce, recuerda que él/ella decidió -eligió- que esa persona era la que él/ella pensaba que era la mejor, la más adecuada, la más hermosa, la más pertinente, la más “mejor” para su vida en ese momento. 
Pero ahora, al cabo del tiempo, esto se omite, da la impresión de que esa persona cayó del cielo en mi vida -sin tener yo nada que ver- y, a partir de ahí, se ha dedicado a amargarme la vida. 0 responsabilidad mía. 
Y es cierto que no hay en ningún plan de estudios una asignatura llamada “Pareja” y/o “Amor romántico”. O, “Cómo elegir pareja en treinta lecciones”. O, “Qué significa tener pareja?” (y no un compañer@ que me complazca o que consiga lo que yo no puedo o que me ame como yo quiero que me ame o que me satisfaga)
Pero también es cierto que tenemos algo que ver con lo que decidimos, elegimos y hacemos. 
La pareja es una de las situaciones de la vida más importantes y, sin embargo, le dedicamos poquísima atención, energía y mirada a saber qué es eso, para qué, cómo lo vivo yo, qué hacer para elegir “bien” y compartir con satisfacción. 
Nos dedicamos a “vivirlo” -lo de elegir pareja- como en una película de Disney (y éstas suelen acabar cuando se casan). 
Hablamos con l@s amig@s de si me gusta, de si le gusto… y, si al final formamos pareja, directamente de lo mal que hace las cosas “mi pareja” y del daño que me provoca. Y así andamos. También con hij@s. 
Por eso es urgente -desde mi punto de vista- reflexionar sobre qué es eso de vivir en pareja, que quiero aportar yo a esa relación, por qué el otr@ me tiene que dar algo, cómo vivir en libertad profunda con el otr@, a cuento de qué le exijo y, en definitiva, mirarme y volverme a mirar en esa situación, con el otr@, yo, perdid@, desvalid@, necesitad@ de amor -sin saber muy bien qué es- y así, humildemente, entregarse a compartir y aprender en el camino. 
Con toda la voluntad de encontrarme con otro humano/herman@ y conmigo mism@ inundad@ de la mayor conciencia posible.

DECISIONES (III)

También tenemos la posibilidad de decidir sobre nuestra mirada hacia el mundo. El mundo no es la vida. El mundo es la relación con los demás, es la sociedad en la que vivimos (y de la que cada un@ de nosotr@s forma parte, es decir, nosotr@s somos eso que llamamos sociedad o gente), es la tierra en la que habitamos, las estructuras, la cultura, los códigos en los que nos inscribimos, es el momento presente en el que realizo cualquier actividad, es la organización que, de una manera u otra, nos hemos dado, son las guerras que nos consumen y las efemérides felices, es la ducha de agua caliente y el incremento del precio de la vivienda, soy yo aquí, en el día a día. 
Y, claro que puedo elegir mi mirada hacia el mundo. 
Para empezar puedo considerarme miembro de él o no, hacerme responsable de lo que ocurre o echarle la culpa al sistema, a los poderosos, al estado…
Puedo decidir que mi actuación es importante o no tiene ninguna trascendencia. Puedo creer que el mundo evoluciona, es más amable cada día, o puedo creer que todo es horrible y va, evidentemente, a peor. 
Puedo pensar que hay que desconfiar de todo y de todos o sentir que el/la otr@ es mi herman@ y que, al final, tod@s estamos en el mismo barco. 
Puedo intentar ponerme en la piel del otr@, respetarlo, intentar convivir en paz y ser lo más amable y colaborativo que pueda o todo lo contrario. 
Tú, yo, elegimos y, así, vamos configurando este mundo que, aunque no lo percibamos de ese modo, también es un ser vivo que se va auto-regulando y depende de tod@s y cada uno de nosotr@s cómo lo organizamos y cómo permitimos que se organice, nos acoja y nos posibilite vivir en sintonía con él o darle la espalda. En nosotr@s está la respuesta.

DECISIONES (II)

Si la primera decisión que he revisado es la de mi relación con la vida, la segunda va a ser la de la relación conmigo mismo, “yo”. 
En general, y a bote pronto, tengo una “mala”relación conmigo. Es decir, me cuido y me alimento bien, pero estoy,casi constantemente, acusándome de errores que he cometido en el día a día (por qué has puesto eso ahí? Tenías que haber hecho aquello primero!!! Por qué no te has levantado antes?…), errores en el pasado -muchos, muy graves-, culpas insufribles, cosas que hice que nunca debí hacer…
Y eso genera un malestar sutil, constante, martilleante,, desacreditador, irreal. Porque me veo como no soy, como no somos: llenos de culpas y torpezas. Ahí no hay sitio para entender nuestra manera de aprender, nuestra manera de ser humanos que experimentan, que descubren, que se hacen conscientes. 
Esa voz dentro de mí que valora y juzga (desde un lugar que no conozco ni reconozco, que se supone “perfecta” y que lo sabe todo, con una escala moral que no he revisado nunca y solo con la perspectiva de “hacerlo bien” para, a toro pasado, no tener problemas o ser totalmente eficiente o triunfar o quedar por encima…) actúa así en un intento desesperado de forzarme a vivir de una manera sintonizada y determinada por la sociedad en la que vivo, en un mundo sin errores, sin aprendizaje. 
Mientras tanto, camino por la vida atribulado y abrumado por la culpa que me echo encima y la cantidad de errores que he cometido/cometo para hacer que mi vida sea insoportable, infeliz, un fracaso. 
Sin embargo, cuando observo todo esto desde la conciencia o sus alrededores, me siento liberado por poder poner una distancia que me permite descubrir que nada de esto es verdad. Que soy un “bendecido” y grandioso ser humano en construcción. 
Y una leve sonrisa tierna aflora en mis labios. Y vuelve la calma. En paz, durante un tiempo, conmigo mismo, “yo”.

DECISIONES

Al hilo del comienzo de este 2024 querría escribir sobre una serie de decisiones que podemos tomar y que,creo, afectan a nuestra vida. 
Para mí la primera decisión que puedo tomar, mirar… es la de qué relación establezco con la vida.
Esto es algo que no se enseña y que puede parecer que no tiene sentido planteárselo, pero pienso que no es así. 
Consciente o inconscientemente establecemos pactos simbólicos con lo que creemos que es la vida -incluso, a veces, la personalizamos como destino, suerte, un dios…- en los que exigimos/pedimos un cierto comportamiento suyo a cambio de una determinada actitud nuestra. 
Y según cómo nos va -desde nuestra perspectiva y nuestras expectativas- empezamos a tener una relación con la vida basada en nuestras creencias. Y aquí nos afincamos, habitualmente, en nuestra edad adulta. Y muy difícilmente modificamos estas creencias o las ponemos en cuestión. 
Así, solemos creer que la vida es “mala”, está en contra nuestra, solo nos va a traer desastres/problemas…
Eckhart Tolle delimita esta situación en 3 posibilidades:
1) La vida presente solo es un trampolín para un futuro mejor -y así nos perdemos este momento presente-.
2)La vida son problemas. Y, desde el momento que la veo como un problema, en efecto me llueven los problemas. (La importancia de nuestra mirada, de la frecuencia en la que vivimos)
3) Estoy en guerra con la vida. Y la vida,como un espejo, me devuelve guerra. No la acepto. Y de este modo nos instalamos en la queja, el echar la culpa a otr@s, a lo que sucede o deja de suceder, a la deriva cotidiana… Instalados en el “si/no hubiera pasado aquello y si/no esto otro…Incapaces de abrazar la vida como es, enfadados, muy enfadados.
Sin embargo, podemos decidir abrazar la vida tal como viene, enfocando toda nuestra energía en ver qué hago en este momento, cómo me hago un@ con ella y la vivo lo más intensamente posible. 
Porque, puede ser que no entendamos por qué y para qué suceden las cosas, pero suceden así y no de otra manera. E, incluso para cambiarlas, primero tengo que empezar por aceptarlas. Y, puesto que vivo esta y no otra vida, ¿por qué no llevarme bien con ella?