EL SENTIDO DE MI VIDA (en este momento)

Lo primero, yo diría que es la intención de abrirme a despertar, a vivir en el despertar.
Y unido a esto, la intención de expandir la conciencia y de expandirme como conciencia. En la dirección de conectar con la FUENTE DE VIDA.
Y algo más terrenal: contribuir, colaborar, co-construir y ayudar a evolucionar a este mundo.
Por último, en la medida de lo posible, vivir en la frecuencia de la alegría y profundamente unido a la vida. O sea, a todos los seres que la conforman.
Y A TRAVÉS DE QUÉ, HACIENDO QUÉ INTENTO VIVIR CADA DÍA, INTENTO EXPERIMENTAR Y CUMPLIR EL SENTIDO DE MI VIDA?
En primer lugar, ofreciendo la terapia que practico, basada en la escucha profunda y la colaboración con otr@s human@s.
En segundo lugar, enseñando y mostrando las virtudes y maravillas de la comunicación consciente, conmigo y con los otr@s.
Lo que me lleva, de alguna manera, a querer vivir en la frecuencia de la alegría y el gozo. Y cantar, bailar, ser amable, escribir lo que me venga, mirar el cielo y agradecer que estamos viv@s.
También diría que pretendo estar atento a mí y a los flujos de la vida. Es decir, escuchar y escucharme para poder ser consciente de mi experiencia y compartirla -con artículos, charlas, entrevistas, libros…-
Entregarme, por tanto, a la vida y a lo que me traiga en cada momento, sin olvidar cuidarme y cuidar a quien encuentre en mi camino.
Estar atento a cualquier belleza y, si me fuera posible, crearla o ayudar a crearla. Sensible a cualquier forma de vida. Al mundo y a cómo puedo participar en él.
También hablar, compartir, convivir con otr@s que no son como yo y permitir, profundamente, que hagan su camino.
Formar a personas que quieran seguir la experiencia de Conversares o similar. Es decir, transmitir lo que puedo aportar para que otr@s tengan más y antes una conciencia que se expande sin cesar.
Vivir en la abundancia y ser ejemplo de ello.
Aprender, aprender y aprender.
Y caminar con, y a través, de mis resistencias, que no son pocas.
En fin, este texto es una declaración de intenciones, un rumbo a seguir…por si acaso sirve a alguien igual que a mí.
Feliz 2026

L@S OTR@S

Para entender al otr@, para acompañarlo, para empatizar con él, necesito saber de mí.
Preguntarme qué deseo profundamente, qué intención me acompaña al acompañarlo, qué siento y desde dónde, cómo me encuentro en esa situación.
Con esta conciencia de mí puedo ver más allá de la superficie del otr@, permitirle que siga siendo él en su camino y yo caminando junto a él.
Abrazarme con él y sentirlo profundamente sin ninguna intención de cambiar nada de lo que le ocurre. Nada de lo que es. Solo unirme a él.
Así, en cualquier caso y siempre, todo movimiento empieza en mí, nace de dentro de mí.
Toda conexión con cualquier ser, con el universo, con la energía viva, proviene de lo más profundo de mí.
No se puede compartir con el otr@, de verdad, sin esa conexión vital con lo más hondo de mi ser.
Ser un@ con l@s otr@s, con el mundo, con el universo, empieza y continúa, siempre y de cualquier modo, en mí. En ese saber de mí. En ese escuchar mis infinitos yos que juegan y se multiplican en constante evolución, creando un juego complejo abocado, sin lugar a dudas, a la alegría de saberse viv@.

LA PAZ

La paz es la aceptación profunda de este momento. Con todo lo que trae. Incluida la no aceptación de este momento, el enfado con este momento, la negación de este momento.
La conciencia de que esto ocurre es necesaria para para poder aceptar lo aceptable y lo inaceptable para mí.
Cuando acepto lo que está sucediendo, cuando lo reconozco y lo admito, empiezo a estar sintonizado con la vida.
Cuando no, se dispara el miedo a que ocurra lo que está ocurriendo y lo que yo creo que va a suceder.
Cuando no, se dispara la rabia y la frustración porque pasa lo que no tendría que estar pasando.
Cuando no, no veo ni tengo energías para poder encontrar salidas, soluciones o nuevas posibilidades que no había contemplado antes.
Cuando acepto la vida en este instante (incluida su no aceptación) me hago consciente de lo que ocurre, me hago consciente de mí mismo luchando contra la vida, contra lo que ocurre, en un acto de negación y no de afirmación que me permitiría ver la vida de otro modo.
Porque al final está nuestra concepción de lo que es la vida, la negación de la muerte, la creencia de que esto no tiene sentido, de que hay que estar alerta porque si no la vida te destruye.
Incapaces de columbrar, de sentir toda su armonía.
Que se desborda sin fin.

LAS PREGUNTAS QUE ME HAGO

Las preguntas que me hago en el camino van cambiando. No solo como individuo sino también como especie, lo cual, de una manera u otra, va indisolublemente unido.
La especie humana lleva años y años planteándose una cuestión básica, inevitable: cómo nos organizamos para sobrevivir?
A esta pregunta le hemos ido dando respuestas que han configurado nuestro sistema de vida y, la economía junto con la física, son sus máximos exponentes.
Hasta que la pregunta fue derivando hacia, cómo nos organizamos para VIVIR? Lo que, a su vez, nos llevó a indagar sobre qué era eso de vivir:
Para qué vivo? Qué hago yo en la vida? Qué sentido tiene para mí la vida?, en su totalidad, como concepto, pero también en el día a día.
Qué hago más allá de salir a ganar dinero, a continuar sobreviviendo, a mantener las estructuras familiares, sociales…? Cómo encaro los retos que la vida me propone?
Y la pregunta del millón, quién soy?
Y todo este aluvión de preguntas nos/me lleva a detenernos a mirar y a mirarnos, a descubrirnos en este instante.
A ver nuestros miedos, nuestra profunda inaceptación de lo que es (o creemos que es) la vida.
A sabernos enfadados porque las cosas no van como quisiéramos (excepto de vez en cuando).
A intuir que podemos tomarnos este instante como una oportunidad de aprender, de descubrirnos como humanos o a tomárnoslo como una maldición.
Y según nuestra elección podemos darle un sentido, nuestro sentido a la vida, u otro.
Es decir, la vida, este caminar por la tierra que llamamos vida, se va llenando y vaciando de preguntas y respuestas en el camino, en nuestra experiencia. Y las respuestas acuden cuando les prestamos atención, o sea, conciencia. Respuestas siempre provisionales, siempre revisables.
Siempre, y en cualquier caso, que decidamos estar despiert@s

MI EGO


Mi ego es sutil e inteligente. O listo. O ambas cosas. Pero no por ser mi ego, sino por ser como todos. O casi todos. 
Casi invisible, casi imperceptible, casi indefinible, se mueve libremente en nombre de la personalidad y provoca una identificación tan grande que es muy difícil distinguir entre él y nosotr@s. 
Se hace fuerte en los disgustos, en las contiendas, en los conflictos…y, de una manera mucho menos evidente, en el día a día, cuando un@ siente una ligera irritación contra todo, cuando un persistente desánimo invade nuestra energía, cuando, sin apenas darnos cuenta, nos autocríticamos, nos autoexigimos sin limite… o, simplemente, cuando perseguimos con denuedo acabar con nuestro ego. Sí. Allí está él. 
Y qué es el ego? Tan difícil de explicar o definir como de detectar su presencia: recuerdos, historias que nos contamos sobre nosotr@s mism@s, roles que jugamos, pensamientos que nos acribillan, emociones que nos dominan, ideas, mente, opiniones, patrones, creencias, personalidad…
Y qué busca? Sobrevivir. En la identificación total con él (así, nos creemos, por ejemplo, que somos lo que opinamos) y en la separación del otr@. 
Y es que el ego no es bueno ni malo. Es necesario para vivir aquí en la tierra. Pero, sucumbir a todos sus deseos, nos lleva a un sufrimiento inútil e irreconocible, al menos en su origen . Por tanto imposible de ser transformado. Porque, al final, el ego puede mandarnos, bloquearnos o angustiarnos si nosotr@s lo dejamos. O puede ser un amigo fiel y útil si lo empapamos de la luz de la conciencia, que lo convierte en algo visible y amable. 
De ese modo, podemos ir dejando de identificarnos con él, colaborar junt@s, pero no confinad@s y arrastrad@s por su ceguera. Al fin, libres y dueños de nuestra vida.

FASES

Vivimos un tiempo en el que habitamos simultáneamente 3 fases de nuestra mentalidad, entendida como nuestra forma de ver y vivir el mundo y nuestro día a día. 
La fase de mentalidad del pasado, que se reafirma continuamente en que todo va a seguir igual o, al menos, le costará mucho cambiar y eso ya no lo verán ni nuestros nietos. 
Está fase se opone ferozmente a la fase de mentalidad del futuro -hasta negarla- y transige de muy mala manera con la mentalidad de la fase de transición. 
La fase de mentalidad de transición, que avanza a golpes y saltos, se descubre muchas veces irritada por tener que estar cambiando constantemente, desconfiada de la fase de mentalidad de futuro y harta de la mentalidad de pasado. 
Cuando habitamos esta fase de mentalidad de transición, nos sentimos confusos con lo que ocurre a nuestro alrededor y también con nosotros mismos. Se necesita mucha conciencia para no andar desubicado cada día. 
La fase de mentalidad de futuro (aún en ciernes) está despuntando esta primavera de los cambios perceptibles y no perceptibles, genera grandes recelos y también -quién lo diría- grandes anhelos. Totalmente desconocida, la llenamos de prejuicios y suposiciones alimentados por nuestros miedos. Y es difícil tener la calma y la confianza en la vida suficientes para reconocernos a nosotros mismos que, en ella, está todo por descubrir. 
Y en esto andamos en este tiempo de maravillas: viviendo simultáneamente estas tres fases de mentalidades que se entrelazan, que nos van empapando -y nosotros a ellas-, que nos recuerdan que el cambio es lento …y, de repente, ya está aquí. Y yo sin enterarme.