CUARENTA SOLES

Cuarenta soles colman 
una raya
de deslumbrante verde;
y todos los mares
y sus azules
se convocan para lucir
una tarde cegadora.
Como si fuese así 
de sencillo vivir, 
o dejarse vivir, 
y ser al mismo tiempo
espectáculo y luz y agua
y quietud y alegría 
y un surco 
de espumas blancas, 
ignorantes de donde habitan,
si en el cielo o en el mar,
DE TAN PEGADITOS 
COMO ANDAN.

HABITO

HABITO UN SISTEMA

GARABATEADO
DE ESTRELLAS

(QUE) SE ACERCAN 

Y SE REVUELVEN

CONTRA LA MISERIA.

SIN EXPLICACIÓN

LA IMPORTANCIA DEL FRACASO


Desde diferentes ámbitos me llega esta reflexión: el fracaso, el error -que no es lo mismo-, ser marginado, caer, hundirse, estar perdido, extraviado, haber metido la pata hasta el colodrillo, ser el patito feo… son mecanismos de aprendizaje valiosísimos (lo cual no quiere decir que nos tengan que gustar o que no los suframos) y el sustrato básico sobre el que se edifica una posibilidad de salir airoso en muchas situaciones en esta vida o de tener algún tipo de éxito (no confundir con fama) o de tener el estímulo para aprender y/o la confianza para entregar tus talentos al mundo o tener la capacidad de hablar con la humildad y el convencimiento del que ha sido derrotado mil veces. 
Decía Pablo Flores en el Festival de la Conciencia que nos encontramos una y otra vez en nuestras vidas con la misma (o parecida) situación que nos enfrenta a un reto (y puede que a un fracaso) no porque hayamos hecho algo mal sino porque tenemos que experimentar esta situación en diferentes momentos de madurez de nuestra vida para poderlo ver desde diferentes perspectivas hasta estar totalmente preparados para pasar a otra etapa. 
Así, en la Terapia Consciente valoramos profundamente ese momento de sumergirte en el dolor y la rabia del fracaso, del completo extravío, del error que te avergüenza, como un punto de inflexión, de máximo aprendizaje, de valor incalculable. 
Y, desde ahí, pretendemos que puedas verlo de ese modo para que te sirva de estímulo, de motor para dar un salto en tu vida. De conciencia, claro, de conciencia. 

CONOCERNOS

…día y aire, y sabernos mundo y vida y universo inabarcable. 
Y creernos canto de pájaro y risa fresca y mirada grave. 
Y comprobar que lo desconocido es el infinito y verse minúsculo e inmenso. 
Y disolverse en la brisa del cielo y adentrarse en la corriente del mar inquieto. 
Y viajar por los recovecos de la mente y los secretos del deseo. 
Y retornar al extático silencio del océano profundo.
Sin ningún rumbo.

TERAPIA CONSCIENTE: LA MIRADA LIBERADA

Es un nuevo concepto de terapia que ya está aquí pero que precisa ser nombrada y vista. 
A diferencia de la terapia clásica, no pretende “curar” a alguien porque está “enfermo”. 
Es más un campo de enseñanza-aprendizaje, de descubrimiento de una mirada que puede no estar esclavizada ni sometida por los dictados de la cultura en la que vivimos, o por los sucesos que nos ocurren, o por el devenir de lo que pensamos que va a pasar, o por las creencias de lo que es el mundo…
Es un espacio de conexión, de reconocimiento, de encuentro. Es una nueva vía para cuestionarte y cuestionar la narración de tu vida y de ti mismo.
Individualmente o en grupo abre una brecha en una visión monolítica de la vida. Hacia una mirada liberada que se sabe plena. 

TERAPIA CONSCIENTE

Una terapia consciente, para mí, es un lugar de encuentro con la otra persona, no solo para resolver problemas, sino, sobre todo, para reconocernos mútuamente como seres humanos intentando sintonizar con nuestra fuente, con nuestra consciencia, con nuestra razón de ser en la vida como vida. 
Y toda vida, aunque no lo parezca, aunque no nos lo creamos, es plena tal como es. Solo hay que poder verlo así, solo hay que descubrirse en esa mirada. 
Y ahí la labor del terapeuta: ayudar a, colaborar con la posibilidad de conectar con esa mirada. ¡¡¡¡Qué gozo!!!!

VUELAN

Hace un sol esplendoroso 
cuando la tarde se avecina. 
Aquí, en la terraza, el mundo 
parece detenido. 
La vida circula lenta por mi cabeza y aparento no tener ganas de nada. 
De hacer nada. 
Pero aquí estoy. 
Permitiendo que salga 
el escuálido hilo
de mis sentires de adentro. 
Revolviendo y rizando ideas, conceptos, creencias 
que vuelan. 
Que, por fin, vuelan.

LA TORRE DE ALGODÓN

Nada me estaba amenazando
Sin embargo, yo albergaba esa sensación. 
El mundo era injusto.
O quizás la vida.
Es mucho decir la vida.
Qué sabía yo de ella?
Solo mi juicio. 
Es decir, una crítica tras otra. 
Me detuve a contemplarme atentamente y las circunstancias, que yo creía ciertas y seguras, se fueron deshilachando como una torre de algodón.

El conflicto es un mecanismo de aprendizaje


Esto dice Sergi Torres en su último libro “Aurum”. 
Y qué difícil darse cuenta de esta posibilidad y ponerla en práctica. 
Con frecuencia nos aterroriza el conflicto y cuando llega intentamos esquivarlo de cualquier manera. 
Aunque también puede suceder que, consciente o inconscientemente, lo provoquemos para “poner las cosas en su sitio” o para dejarnos llevar por la ira o la rabia que nos incita a machacar al otr@.
Porque la CULPA -así, en mayúsculas- siempre es del otr@. 
Recuerdo cuando empecé a practicar el Curso de Milagros y, no sé por qué razón, la salida al conflicto consistía -o yo me lo tomé así- en mirarme a mi, en ver qué hacía yo en aquella fiesta, cuál era mi papel. 
De verdad, aquello me resultaba desesperante. Se producían batallas internas que me dejaban sin fuerzas. Yo quería salvarme a toda costa y mirar, escrutar al otr@. 
Sin embargo, si insistía una y otra vez en mirarme a mí, se iban produciendo cambios asombrosos. El conflicto se tornaba de otro color, extrañamente me iba calmando, iba descubriendo que en mí había algo que no había visto antes, el otr@ iba perdiendo importancia y ese mecanismo de aprendizaje del título, se iba poniendo en marcha. 
El movimiento horizontal, de enfrentamiento directo, empezaba a transformarse en un movimiento vertical de mirada hacia dentro de mí mismo. De descubrimiento de que yo también estaba allí y, casi con toda seguridad, me estaba dejando arrastrar por mi ego que me miraba sonrojado desde lo más profundo de mi ser. 

ASÍ DE SIMPLE.


Creo que,al final, 
a lo que la vida
nos empuja, 
lo que nos dice
es:
Sal, sal de tu madriguera.
No pidas, da. 
Colabora con el mundo, 
con la vida,
con el universo,
con las gentes. 
Con lo que sepas y
como sepas.
Entrégate y expande tu amor.
Sé tú, con toda honestidad. 
Y ahí te encontrarás con quien te tengas que encontrar. 
Ahí la plenitud. Ahí la belleza. 
El propósito. 
Así de simple. En cualquier caso.