OBSERVANDO LA RABIA


La rabia tiene muy mala prensa, sin embargo solo es una emoción como otra cualquiera. Un poquito densa, es cierto, pero una emoción al fin que quiere ser escuchada, abrazada, acogida. Y que despierta en nosotr@s (aunque no lo detectemos habitualmente) nuestra capacidad de sentir. 
La rabia se desencadena porque ha sucedido algo que nosotr@s creemos -sabemos?- que no tendría que haber ocurrido. Que no queremos de ninguna manera que haya ocurrido. Y sentimos que es intolerable, injusto, imposible, insoportable, que haya pasado así. Y no queremos, y no queremos, y no aceptamos que haya sido así. Y estamos convencidos de que nada ni nadie lo puede cambiar. Y esto me produce una rabia descomunal, infinita, porque quiero cambiar, borrar lo que ha sucedido con todas mis fuerzas, con toda mi alma. Y no acepto lo que ha pasado. Obsesivamente. Ni siquiera lo reconozco porque no tendría que haber pasado. No tendría que estar pasando. 
…Y entonces la rabia se dispara contra algo, contra alguien. Contra la vida que me ha hecho esta jugarreta, contra las circunstancias, contra aquel que me hizo aquello, contra esa que no ha hecho lo que tenia que haber hecho. Obsesivamente. 
Contra mí, sobre todo contra mí. 
Y aquí la voz de la rabia se alza majestuosa y toda su furia cae sobre mí: frustrado, fracasado, inútil, incompetente…Se me tensan los músculos, la mandíbula. Me veo una piltrafa. Quisiera romper y arrasar con todo. No lo acepto, no lo acepto. No puede ser. 
Me confundo con esa rabia. Me identifico con ella. Me dejó llevar. Me pierdo. 
Ahhhh!! Atención!!!! La rabia me habla, luego la rabia no soy yo. Ahora puedo verla con un poco de distancia, en su bucle polvoriento. Y yo descubro que puedo estar un poquito en paz, observándola, abrazándola, incluso sintiéndola. Mientras ella, la rabia, me mira desconcertada.

Yo elegí el papel de víctima, ¿y tú?

En este mundo en el que vivimos interpretando un papel -o varios-, yo elegí el de víctima. 
Hay muchos más y un@ puede verlo claramente en l@s demás: el de culpable -muy extendido-, el de villano -muy aplaudido, aunque parezca lo contrario-, el de buen@ -aclamado por la crítica-, el de inocente, el de “esto no va conmigo”, el de desconfiado, …
Se puede haber elegido un papel o varios. O su combinación, e interpretar uno u otro según las circunstancias. Pero, al final, lo importante, es que hemos elegido un papel. Hemos creado un personaje que creemos que somos nosotr@s y nos comportamos como tales. 
Es muy sutil. Parece que eso no pueda pasar. O que si me doy cuenta en un momento dado de que estoy interpretando, este juego se acaba. 
Pero si soy consciente de verdad -es decir, me detengo con toda mi atención a observar, sentir, reconocer la energía que emana ese personaje- puedo descubrir que, en realidad, ese papel que interpreto, “me vive a mí”. Y si he elegido ser víctima, veo, pienso,y creo mis recuerdos y mi realidad según ese personaje. 
Y lo hago en modo “piloto automático “. Sin ninguna conciencia, por supuesto. 
Sin embargo, hacerme consciente de esta situación me lleva a la posibilidad de saber, vivir, sentir, con toda profundidad e implicación que yo no soy esa víctima que me he creado. Que la vida no me maltrata ni l@s otr@s están en contra mía. 
Y así, poder dejar de identificarme con ese personaje y sus desventuras para empezar a vivir por mi cuenta. Que no es poco.

GENUÍNAMENTE HUMANO

Leído en “Un mundo nuevo “ de Eckart Tolle:
“…Nadie puede atravesar la infancia sin sufrir dolor emocional.”
“Incluso si ambos padres estuviesen iluminados, te descubrirías creciendo en un vasto mundo sin conciencia.”
Muchas veces los padres nos encontramos en situaciones en las que vemos sufrir a nuestr@s hij@s y queremos como sea remediar su dolor. Y no podemos. 
Entonces su dolor se transforma en nuestra angustia, nuestro miedo. 
Y empezamos a acumular culpabilidades, a buscar justificaciones, a intentar encontrar enrevesadas causas de por qué sufren. 
Los queremos felices. 
Pero parece ser que vivimos sin conciencia del mundo en que estamos. Del funcionamiento de la vida. Llena de paradojas. 
Según Tolle, también en este capítulo del libro (Individual y colectivo) no solo crecemos con estos retos de dolor y sufrimiento individuales, sino que también cargamos con el dolor de guerras y violencias que habitan en el inconsciente colectivo. 
Pero, según él, nunca se puede decir qué es mejor o peor: si haber vivido con intensidad estas situaciones o todo lo contrario porque, en ocasiones, cuando llegamos a adultos el propio sufrimiento nos empuja a adentrarnos en el mundo de la conciencia y el auto -conocimiento para intentar sanarlo. 
En cualquier caso, saber que -como hij@s- nuestros padres nos acompañaron en un camino en el que ,de todos modos, había sufrimiento. 
O -como padres- saber que nuestr@s hij@s van a tener que encarar pruebas donde se van a encontrar -sí o sí- con el miedo, el dolor…cambia bastante mi percepción y me plantea que, si algo puedo hacer, es acompañarl@s con todo el amor y la conciencia que pueda y sepa. Y no dejar de mirarme a mí mismo para que mia propios miedos y angustias no supongan una carga añadida en su camino, sino un descubrimiento conjunto del inmenso discurrir de la vida. En un aprendizaje mutuo.

DESCUBRIRSE

Siguiendo el artículo anterior en el que hablaba de lo difícil que es descubrirse a un@ mism@ (incluso, a veces, pensamos que es imposible) y lo fácil que es ver a l@s demás, se abren varias posibilidades que, a mí parecer, son muy interesantes. 
En primer lugar, existe la voluntad o la negación de querer verse a sí mism@. Hay, de entrada, una predisposición a huir o enfrentar lo que podamos ver al respecto de cómo actuamos, pensamos, reaccionamos…
En esa situación creo que es de gran valor la convicción y el conocimiento de que mirarse es mucho más sano, liberador y gratificante que ocultar(nos) lo que (nos) está ocurriendo. 
En segundo lugar, hay situaciones en las que lo único que necesitamos es escuchar(nos), mirar(nos). 
Cerrar los ojos -o no- y prestar atención a pensamientos, emociones, contradicciones… que se mueven abiertamente y nos avisan de cómo somos y quiénes somos-estamos en este momento de nuestra vida. 
En tercer lugar, está lo que (nos) ocurre. Nada pasa por casualidad ni es casualidad. Y lo que sucede, ahí, en el “exterior” de nosotr@s mism@s, nos permite ver -con mucha más claridad- porque es un reflejo y una consecuencia de lo que pensamos, “emocionamos”, creemos, vemos, queremos, sentimos…
Así es que, cuando prestamos atención a lo que está ocurriendo (solo prestar atención), hay un gran campo de investigación e información de nosotr@s mism@s a nuestro alcance. 
Todo esto (nos) permite irnos descubriendo, saber más de lo que “realmente” ocurre. 
Encarar con honestidad información acerca de nosotr@s mism@s -es decir, de nuestro ego- que nos hiere o no nos gusta, pero que nos hace intensamente más conscientes y, por lo tanto, nos permite vivir con mucha más calma, sabiduría, bienestar y paz. Sincronizad@s con la vida. Y permitiendo a l@s que nos rodean que también reciban lo mejor de nosotr@s mism@s. En una cadena de alimentación mutua de bienestar profundo.

CUANDO MIRO AL OTR@…

Cuando miro al otr@ con detenimiento, con calma, sin intentar juzgarlo ni rebatirlo; cuando solo es observar, se abre un mundo de percepciones que acribilla la propia percepción de lo que me rodea. 
Veo al otr@ quejándose de alguien ( de su ex, de sus padres, de sus hij@s, de sus vecin@s o compañer@s…), de algo (de la sociedad, del mundo, de la deriva que está tomando esto, de la vida) y un aluvión de preguntas se cierne sobre mí mismo. 
¿Cómo es posible que él/ella no se dé cuenta de que está implicad@ en todas las relaciones de las que se queja?
¿Cómo es posible que él/ella no atisbe que está actuando, generando una respuesta similar a la suya en el otro lado del que se queja?
¿Cómo es posible que él/ella no se dé cuenta de que es parte de ese mundo, de esa sociedad, de esa vida que critica y que sus acciones, pensamientos y decisiones (con)forman el mundo en que vivimos?
La respuesta es obvia y nos la decimos constantemente:
“Un@ ve con claridad lo que les ocurre a l@s demás, pero no se ve a sí mism@“
Aunque quizás va siendo hora de tomárnoslo de otra manera. Sí, es complicado mirarse a un@ mism@. 
Sí, es difícil tener cierta perspectiva. 
Pero también es cierto que ya sabemos, con toda certeza, que en un conflicto somos, como mínimo, dos y que yo tengo participación en él. 
Que esta sociedad no son l@s otr@s y yo de juez emérito sino que la formamos tod@s y cada acción nuestra , cada pensamiento, cada actitud da un impulso en una dirección u otra. 
Así que, quizás sea difícil vernos, pero podemos partir de una base muy sencilla: cuando critico al otr@, cuando me quejo de cómo funciona todo…, ¿dónde estoy yo?, ¿qué hago para que esto funcione de otra manera?, ¿qué solución aporto, honestamente, al conflicto?.
Y si no veo nada de lo que me ocurre allá en el fondo (que es muy probable) empieza el apasionante camino del auto conocimiento y el auto descubrimiento (solo o con ayuda)que, a buen seguro, me/nos lleva – desde el primer minuto- a otra galaxia en esta vida.

EL RÍO DEL SUFRIMIENTO

Soñé la otra noche -o quizá solo fui consciente- con un río extraño (como en todos los sueños las cosas eran raras, muy raras).
El río era una franja que no tenía base; en realidad era como si estuviera pintado en la pared o en un cuadro y fuera, simplemente, una franja que por debajo tenía espacio en blanco y por encima también. 
Lo curioso -e interesante- era que cuando me acercaba a él, metía la cabeza, me sumergía…era total y completamente un río. Y me sentía dentro de él, viviendo en él, formando parte de él. Y en aquel río estaba y habitaba mi dolor, mi miedo, mi angustia, mi desesperación, mi rabia, mi malestar, mi enfado…y así podría estar un buen rato. 
Era -como ya habréis adivinado- mi río, el río, nuestro río del sufrimiento. 
Lo espectacular venía cuando me atrevía a sacar la cabeza del agua, de las profundidades del río -y, en medio de la noche, fui consciente de que podía hacerlo- , ahí todo se transformaba: podía ver, sentir, estar, de otro modo. 
Así, si sumergía la cabeza, inmediatamente se creaba un torbellino de dolor y angustia. Si la sacaba, había calma y una visión diferente de la naturaleza, de la vida, de mí. 
Tuve la conciencia, en ese instante, de que algo así debe de ser lo que llaman el despertar.

PERDIENDO EL CONTROL

Me aferro a él, al control, claro. No quiero que me abandone, no quiero abandonarlo. No hay nadie al timón? Si no estoy yo en todo…La vida sería otra si yo tuviera el control. Que no sé ni lo que siento? Qué más da, si yo tuviera el control las cosa serían como yo quiero. O sea, perfectas?
Leo en “Un Curso de Milagros “ algo sobre abandonarme, que Alguien rige las Leyes del Universo, de la Naturaleza. Que yo no decido nada. Que cuando quiero decidir pensando que yo, yo soy quien organiza, sabe, ordena…la cosa no funciona. 
Evidentemente, no me lo creo. Cómo alguien va a organizar esto!!?? Si es un caos. Que yo lo sé. Que lo puedo ver todo y a tod@s, en cualquier tiempo y lugar. Bueno, esto es un poco arrogante. Pero yo sé de qué va esto, en serio. (Lo de vivir, quiero decir)
Control, control, control. Muero por el control: del dinero, del trabajo, de l@s hij@s, de las parejas, de l@s amig@s…
No puedo vivir sin él, sin el control, claro. 
Control del tiempo (así, en abstracto). Control del día, de cada hora del día. De cuándo y dónde puedo enfermar, de a quién le tienen que tocar las enfermedades y los accidentes (a mí no, claro). Control de la muerte, por supuesto (a quién se le ocurrió esto de la muerte?)
Todo el mundo habla de fluir (yo también) pero yo, en el fondo, lo que quiero es control. Todo el control. 
Por favor, si hay alguien ahí, que me dé el control. Vais a ver lo que es bueno.

VISIONES DE VIDA

Damos por supuesto que la visión del mundo que tenemos (si es que somos conscientes de ella, en su totalidad o parcialmente) “es lo que es”. 
Es decir, con una frase que ahora se utiliza mucho, esto es lo que hay. Cómo si fuera objetiva, inamovible, monolítica, inherente a la vida, predeterminada, basada en criterios racionales, sensatos y ciertos (que han determinado personas sabias y anteriores a mí, gente con experiencia). 
Y casi nunca somos conscientes de que nos la hemos engullido enterita casi sin darnos cuenta, sin mirarla, sin observarla, sin cuestionarla, sin preguntarnos si eso de verdad es así o podía ser de otra manera. 
Nos aferramos a ella porque nos da “una” explicación del mundo y de nosotr@s mism@s. 
A pesar de eso (o por eso), muchas veces nos encarcela, nos oprime, nos obliga a vivir de una manera muy concreta.
Y sin saber que si hago algo tan sencillo (y complicado a la vez, por nuestra resistencia) como puede ser el hecho de mirar nuestra visión de la vida desde otra perspectiva (quizás más liberadora), pero sobre todo,
desde la conciencia de que hay muchas posibilidades, de que hay muchas visiones de vida (y l@s human@s sabemos tan poco…) es muy probable que sintamos una gran liberación y otra paz diferente a la que hemos vivido hasta ahora. 
Porque,de golpe, el mundo es otro. Y mi vida está llena de posibilidades.

UNA DECISIÓN

La decisión de ser libre. 
De mi continua pulsión por sentirme víctima, el bueno. 
De mi apego al sufrimiento, a una visión de la vida y de mis relaciones catastrófica. 
Libre, de la creencia de que la vida no tiene sentido y la muerte es un disparate. 
Libre de la convicción de que el tiempo pasa y me quema en un fluir lineal que obvia este momento presente. 
Libre de la queja continua y el agradecimiento condicionado. 
Libre del esfuerzo ciego y la autodestrucción constante. 
Libre de verme en el terror cotidiano y pensar que no puedo hacer nada. 
Libre de ese personaje que hay en mí que me arrastra hacia el abismo y la desesperación. 
Libre para compartir y amarme con ese personaje en esta vida llena de matices, colores, subidas y bajadas. 
Profundamente vivo. Humano. 
Consciente de que puedo tomar esa decisión en cualquier momento, de cualquier modo. 
Hoy mismo.

LA CREATIVIDAD NO ES UN TALENTO

“La creatividad no es un talento”. Esto leí el otro día (la verdad no sé dónde). Y seguía: “la creatividad es una forma de vivir, de organizarse, de implicarse, de lanzarse a experimentar”.
Y parece que el truco de vivir creativamente consiste en experimentar lo que se te viene a la cabeza sin miedo al fracaso ya que el fracaso no puede existir en la experimentación puesto que cualquier resultado es válido. Lo importante es eso, experimentar, crear, perderse en los vericuetos de seguir nuestras intuiciones, visiones, talentos, pasiones…
Por tanto la gracia no está en lo que saldrá sino en el mismo quehacer creativo. Y eso reza para casi cualquier actividad. Aunque creemos que la creatividad solo puede darse en el arte, la escritura, las películas, algún juego…
Y decimos que las personas que practican estas actividades son muy creativas, pero hacer una tarta de manzana también es creativo; limpiar y organizar un lugar de una manera consciente, deseando que ese espacio sea hermoso y confortable, es creativo; charlar con un amig@ dejándose ir, es creativo; emocionarse ante cualquier circunstancia de la vida es creativo; asombrarse de la naturaleza es creativo; jugar con nuestr@s hij@s es creativo; hacer nuestro trabajo de forma consciente es creativo; escuchar nuestros impulsos y nuestras disquisiciones internas es creativo; leer un libro que nos atrapa es creativo; disfrutar de una película es creativo…
Solo es necesario poner conciencia, no juzgarlo y dejarnos ir. Aunque a nuestro juez interior le parezca una aventura innecesaria o pueril. Todo vale para descubrir nuestra capacidad de ser creativ@s sin ninguna etiqueta, profundamente human@s.