
EL CAMBIO DE LO «OTRO»

Conocerte Vivo.Sentirte Libre


Creemos que sabemos, que nos conocemos, que podemos controlar la vida, sin ser conscientes de nuestro estrecho marco de conocimiento.
Un marco que intenta que todo lo que nos ocurre , lo que creemos que nos ocurre, lo que percibimos y nos cuentan ( a través de los medios de comunicación, de las redes sociales, de la cultura, de los amigos y la familia…) encaje completamente y tenga una explicación que nos deje tranquilos según las normas e interrelaciones proporcionadas por ese marco.
Sin embargo, se nos escapa tanto. Y no lo aceptamos. Y muchas veces ni siquiera sabemos que se nos escapa: solo vemos sus consecuencias.
Entonces necesitamos desesperadamente una línea argumental que nos explique qué pasa. Aunque no la tengamos. Y la impaciencia y la desesperación nos invaden. Pero desde nuestro marco de conocimiento no podemos ver, entender, ubicar, lo que se mueve con otras relaciones, con otras complejidades, indescifrables para nosotr@s.
Abrirse a esa ignorancia con la confianza de quien vive aquí y ahora, dejándose ir, bien despierto, es nuestro reto.
Vivir esto como una oportunidad infinita donde puedo descubrir, aprender, evolucionar…es nuestra decisión.

Es un movimiento importante, importante y casi imperceptible. Parte desde nuestras creencias -de las que no valoramos su potencial- y que son casi invisibles para nosotr@s mism@s. Y que son casi incuestionadas por nosotr@s mism@s. Si las vemos.
Las creencias suelen habitar en el@fondo de los relatos que nos contamos y que constituyen el marco lógico que construye el personaje que hemos creado y la idea de la vida, de la realidad, que hemos creado.
.Y es con esta vida, con esta realidad, con la que interactúan constantemente nuestras creencias, en un proceso circular de ida y vuelta.
Así, si yo creo que me va a costar mucho tiempo encontrar un trabajo evidentemente no me va a salir pronto, lo cual confirma que tengo razón y la creencia se hace más profunda. De este modo co-creamos nuestra vida incesantemente.
De ahí la importancia enorme de revisar nuestras creencias, de escucharlas, de dejarnos impregnar por ellas, de cuestionarlas, de decidir si nos interesan en este momento de nuestra vida. Y de atreverse a certificar que no son verdades incontestables. Y que se puede vivir de otro modo Conscientes de nuestras creencias y sus interacciones con la vida. Liberados de su esclavitud.


L
Parece un tópico, parece que está claro…pero no. Tratarse bien a un@ mism@, en su fuero profundo, es casi un lujo en este mundo, en esta sociedad.
Sutilmente, le permitimos a nuestro ego que nos acuse, nos trate con desprecio, con poca o ninguna amabilidad, incluso insultándonos y/o inventando historias de terror donde nosotr@s somos protagonistas malvad@s, inútiles, fracasados, abocados a pasar por la vida, en el mejor de los casos, sin pena ni gloria.
Le consentimos actitudes y comportamientos que serían insoportables si fuesen propios de un vecino, un@ amig@ o un@ desconocid@.
Y lo interesante es que esto se da de tantas maneras y con tanta sutileza que somos, en muchos casos, absolutamente inconscientes de que este maltrato sucede y tiene consecuencias muy graves en nuestro día a día.
Cómo voy a distinguir y propiciar que me traten bien si yo me trato mal?
Cómo voy a creer en mi, en la vida, si yo pienso lo peor de mí y , por ende, de la vida?
Cómo voy a ir segur@, confiad@, por el mundo, si me veo como un impostor, un fracasado?
De dónde voy a sacar la energía si está puesta en desacreditarme y/o lamentarme?
Cómo voy a ser resolutivo y aceptador de los desafíos cotidianos si me paso el tiempo reprochándome lo mal que lo hice ayer o esta mañana?
Cómo canalizar todo mi potencial creativo si está ocupado en revisar uno a uno todos mis supuestos errores/horrores?
(CONTINUARÁ)

La cuarta ley, relacionada con el moksha o liberación espiritual, dice algo muy, muy simple, aunque bastante complicado de cumplir en toda su extensión y profundidad: “Cuando algo termina, se termina”.
Es tan básica esta afirmación que sí se lo digo a alguien me mira con cara de estupefacción, como si no hubiera nada más que añadir o comentar al respecto.
Pero cuando un@ lo vive en su propia experiencia, la cosa cambia. Ni siquiera cuando está claro y dicho que una relación, por ejemplo, está acabada, están todos los vínculos cortados.
Queda un periodo por delante, bastante interesante, en que los rescoldos de esa relación aún queman y en que los recuerdos compartidos, las vivencias, los pequeños y múltiples lazos de unión, se han de ir cortando uno a uno en nuestro interior. Y colocándolos en un lugar donde puedan reposar de manera amable y no dañina.
Pero no solo es en las relaciones personales. También se quedan energías y vivencias en el aire cuando se acaba un proyecto, un trabajo, cualquier nivel de estudios…y así hasta el infinito. Aunque, muchas veces, no somos conscientes de esto. O no le ponemos toda la atención que se merece. O,sencillamente, no lo queremos vivir. Y, a pesar de lo famosa que es la frase “hay que vivir el duelo”, nos cuesta dejar ir.
Y es normal. Hay tanta fuerza de tracción en todo “eso” que queda por medio; tanto vértigo en mirar lo que se nos viene por delante; tanta inercia que de repente se termina (o lo parece)…
Sin embargo, qué hermoso puede ser permitirnos que esto suceda a su ritmo, conscientes de su importancia, sabedores de nuestra ignorancia profunda y del desequilibrio entre querer que algo se acabe y que se acabe de verdad.
Podemos experimentar cada día que la vida es puro cambiar y nosotr@s, ahí, no tenemos otra que aprender a vivir en ello, con ello… inmersos -y conscientes- en todas las resistencias que podamos ofrecer.

La tercera ley vinculada al ciclo de samsara o renacimiento nos dice: “Todo ocurre cuando tiene que ocurrir. Las cosas suceden cuando estamos preparados, ni antes ni después.”
Es tan ajeno esto a nuestra cultura que cuando lo lees te suena a algo inconcebible, algo vacío de significado. Palabras. Pero tienen sentido. Completo. Solo cuando estás preparado para vivir, en toda su extensión, cualquier reto que te pueda poner la vida es cuando puede suceder. Es decir, es cuando sucede. Ni antes ni después.
Esto implica, de entrada, aceptar que hay un orden y organización natural/universal que funciona de manera sincrónica y perfecta.
Que en su devenir armónico cohesiona todo lo que sucede de manera absolutamente ininteligible para nosotr@s, pero evidente con solo mirar una noche el cielo y su indescifrable existencia.
Implica,también, reconocer que lo que me llegó y yo viví no fue un error, un hecho a destiempo, algo para lo que no estaba preparado. Lo estaba y la vida me lo evidenció. Otra cosa es que a mi me gustara o que el resultado aparente fuera decepcionante para mi. O que piense que podría haber sido de otra manera o en otro tiempo de mi vida.
Implica,por último, que no tengo que correr o acelerarme Ni enloquecer porque creo que voy a perder un tren O que esto o aquello no va a suceder porque no llego en el momento justo. O soy inmaduro para vivirlo.
No. Todo ocurre cuando tiene que ocurrir y en ese momento estaré preparado para vivirlo. La madurez está ahí antes de que yo me dé cuenta.
Por tanto, yo “sólo” tengo que sumarme a ese baile, a esa cadencia y permitir que ocurra. Y saberme lo suficientemente maduro y preparado para que pase.
O sea que, calma, las cosas llegarán cuando tengan que llegar, justo en el momento en que empiece el baile para ti. Que lo disfrutes.

La segunda ley, ley de la gratitud o Karma, reza así:
“Lo que sucede es la única cosa que podía haber sucedido”.
Esto tiene unas implicaciones portentosas. Nada podría haber sido de otra manera por lo que sobran todos los “y si…”. Es un ahorro de energía brutal: stop a mirar el pasado para recrearme en lo que hubiera podido hacer o no debería haber hecho. Estoy aquí, en el presente, con esta situación, y aquí y ahora es donde tengo que resolverla. Las lamentaciones no tienen sentido. Pasó lo que tenia que pasar y fue lo mejor que podía pasar porque fue lo único que pasó. Y eso propició que aprendiera lo que tenia que aprender para ser el que soy ahora. En continua evaluación, en un proceso constante de descubrimiento, de expansión de la conciencia.
Es, también, un movimiento de humildad : yo no veo por qué pasó lo que pasó. Me entra rabia. No quiero que sea lo que fue. Pero fue. Y yo, en mi raquítica visión de la vida, del universo, del devenir de las cosas, no sé ni entiendo por qué fue así, pero con toda seguridad fue lo que tenía que ser para que se produjera el momento de máximo aprendizaje en mi y en todo el universo.
Por tanto, todo está en su sitio (a pesar de que yo pueda sufrir o no lo entienda o no lo quiera o no me guste) y todo tiene una cadencia, un orden, una armonía de organización natural donde yo puedo actuar aceptándolo o no, enfocándome en el presente o desviándome al pasado, entregándome al momento o rehuyéndolo. Todo es vida…y yo intento vivirla dando lo mejor de mí aquí, ahora.
Son 4 principios que descubrí por “casualidad” y que, en su aparente simplicidad”, me dieron una gran explicación y un marco de referencia para entender mi vida y la vida en general.
Derivan de las antiguas enseñanzas védicas y otras escrituras sagradas y se enseñan a l@s niñ@s en la India.
La primera ley o Dharma dice así:
“La persona que llega a tu vida es la persona correcta”
Algo difícil de creer cuando tus relaciones con otras personas te han ido mal o muy mal. Cuando crees, profundamente, que te has equivocado, qué deberías haber elegido a otra persona que, esa sí, te habría hecho feliz. Cuando crees que el/la otr@ es culpable de todo y tú,simplemente, una víctima.
Pero si puedes mirar desde otra perspectiva es muy liberadora. No me he equivocado ni me voy a equivocar. Esa persona es la que tenia que llegar a mi vida para que yo pudiera ver lo que tenia que ver, para experimentar lo que tenia que experimentar, para dar el salto de conciencia que tenia que dar. No hay equivocaciones al respecto en el universo por mucho que nosotr@s, en nuestra ignorancia, lo creamos así.
Pero también, desde una perspectiva mucho más amplia, nos habla de la interdependencia de personas, cosas y animales en este planeta, en donde vivimos interactuando y en una danza sagrada que casi nunca percibimos porque vivimos en la superficie de lo que sucede.
Sin embargo, esta danza existe y nos permite vivir en armonía con ella o rechazarla y estar en continua disputa con ella y con quienes comparten nuestra vida.
Y es que, ese o esa que llegó a nuestra vida, mucho más allá de hacernos felices o desgraciados, nos ofrecen la oportunidad única de aprender, de descubrir(nos) y, por ende, de transformarnos. Aunque muchas veces sea doloroso o difícil de ver.
