LA VIDA NO PIERDE PLENITUD…

La vida no pierde plenitud en ninguna de sus expresiones. Y todas son plenas igualmente. En cualquier caso. En cualquier circunstancia. Todo es vida. No puede haber más vida o menos vida en un lugar o en otro. Hay vida o no la hay. Y si hay vida esta es plena, completa. No puede ser de otro modo.
Sin embargo, constantemente pensamos (prácticamente tod@s) que nuestra vida no es plena. Que la del otr@ sí. Que nos hemos equivocado. Que no hemos tomado el camino correcto. Que si hubiera hecho aquello o lo otro, entonces sí sería plena. Que en el futuro lo será, pero ahora no. Que en el pasado hubo un momento (que creo recordar muy bien) donde fue plena, pero ahora no.
Y, claro, mi vida no es plena por (a causa de, por culpa de…) mi pareja, mis padres, mis herman@s, la sociedad,
el gobierno, la falta de dinero, la falta de oportunidades…
Y viene alguien a decirnos que no, que la vida es plena en cualquiera de sus expresiones y que nosotr@s somos una expresión de vida y por tanto plenos.
No puede ser. Lo veo clarísimo: no todas las vidas son iguales.
No obstante, también veo con claridad que hay vida o no hay vida, sin grados.
Algo falla. Quizás nuestra mirada.
En todo caso, estamos vivos. Hoy. Un día más. Una vez más. ¡¡¡Qué misterio !!!!

SER RESPONSABLE


“RESPONDERE ” en la vida jurídica romana aludía al hecho de defender una opinión ante una situación controvertida en un juicio. 
Etimológicamente procede del prefijo RE(reiteración) y el verbo SPONDEO(ofrecer, prometer).
Y,literalmente, “RESPONSABLE” es una forma verbal, convertida en adjetivo, que indica el/la que puede responder y dar satisfacción por lo que hace.
Así vemos cómo en castellano RESPONDER significa contestar; RESPONSABLE es el/la que sostiene la carga de que las cosas salgan bien, el/la adult@ que protege y vela por l@s niñ@s…; e IRRESPONSABLE está un frecuentemente asociado a culpable y -atención- a ser un “viva la vida”. Es decir, alguien que no cumple con sus obligaciones sociales, morales y/o vitales. 
De este modo se ha ido deslizando muy sutilmente el significado de ser responsable desde una perspectiva de alguien con madurez, autonomía y criterio para “responder “ y “dar satisfacción “ por lo que hace, piensa o defiende hacia otra en la que está claro lo que un@ tiene que hacer (lo que las normas sociales dominantes dictan) y solo se juzga si se ha seguido esa norma (se ha actuado bien) o no (se ha actuado mal).
Esto es, se pasa de una situación que implica un sujeto maduro y crítico a otra en la que la sumisión a los dictados de lo establecido se premia con el membrete honorífico de ser responsable, ser socialmente considerad@ y valorad@ como un tipo con “sentido común” y capaz de asumir “sus obligaciones” (asociadas con “esforzarse”, “sacrificarse”, “hacer lo que no le gusta pero es necesario “…).
De esta manera la capacidad liberadora que supone poder decidir lo que haces y responder por ello se transforma en un peso con el que cargas para toda la vida y del que no te puedes librar nunca. 
Olvidando por completo el rastro original del sentido de “SER RESPONSABLE “ : Seguir un@ su propio criterio, los dictados de su corazón y poder responder por ello ante el mundo -y, sobre todo, ante sí mism@-.
En medio de todos los vientos y mareas. Con todos los miedos y dudas. 

SOY LA VIDA

Es la oportunidad de vivir lo que estás viviendo, lo más consciente posible, entregándote a esa situación, agradecido aun enfadado o rabioso o iracundo o desesperado. Sin esperar que esa actitud vaya a traer la solución. Solo vivirla. Ir con la vida. Subir y bajar con ella. Ir pegadito a ella, sin alimentar la sensación de ser víctima de nada, solo estar viviendo lo que en algún momento decidiste que ibas a vivir, que tenías que vivir para sentir, descubrir, aprender, tomar conciencia, e incorporarla, integrarla, hacerla tuya. 
Así, no soy una víctima, no soy un desgraciado, no soy culpable, no me lo merezco o dejo de merecérmelo, no me tiene manía la vida y no tengo por qué quedarme todo el tiempo en esta situación. 
Soy la vida que siempre cambia y nunca cesa.

EL RETO


El reto es la noche 
y su soledad. 
Sus sueños,
que no siempre son de ensueño. 
El reto es comenzar el día 
antes de mirar por la ventana. 
El reto es salir a la calle
sin salirme del corazón, 
lleno de mí. 
El reto es vivir 
sin darme cuenta,
es decir,
empapado de lo que importa.

PROVEER

En un sentido amplio significa mucho más que aportar dinero, aunque nuestra sociedad/cultura nos hace creer que es solo -o fundamentalmente- aportar dinero -cuanto más, mejor- y todo lo que se pueda conseguir con él.
Esto es -para mí- un error básico que nos sume como sociedad en la confusión y como hombres, como energía masculina, hace que nos perdamos en el afán por conseguir dinero y -si hace falta- ser sus esclavos, no importa cuánto de nuestra vida le entreguemos a la actividad que realicemos para obtenerlo. No importa que acabemos exhaustos, vacíos, sin sentido en nuestras vidas. No importa que perdamos la calma, el sosiego, el rumbo de nuestro caminar. No importa que el ejemplo que transmitamos a nuestr@s hij@s sea que la vida es ganar dinero y poco más. 
Pero proveer es mucho más que eso: es dar ejemplo, permitir que te vean roto, derrotado y, al mismo tiempo, transmitir la abundancia intrínseca de la vida, agradecidos eternamente por sus dones. Es poner un rumbo que dé sentido a nuestras vidas, entregar y recibir amor, crear vínculos, compartir ilusiones, generar posibilidades, alimentar la curiosidad y el entusiasmo, explorar nuevos caminos, vislumbrar direcciones, aportar sosiego y conciencia, sostener y acoger en los embates de la vida, enfrentar los retos -aun con miedo-y, en definitiva, promover la expansión de todo nuestro potencial para sentirnos entregados por completo, sabiendo que hay retos donde nos vamos a ver cuestionados, hundidos, desolados, heridos…y, aun con esto, o quizás por esto, aprender a amar la vida tal como es, inmersos plenamente en ella.
Y, con nuestro ejemplo, transmitírselo a nuestr@s hij@s. 
Esto es para mí la espiritualidad. O, por lo menos, la parte de ella que puedo ver ahora. Desde mi limitada perspectiva.

TRENES


Hay trenes, otra vez, 
que transitan por mi 
vientre. 
Allá, cerca del pubis. 
Un puente anda en 
construcción. 
El tren circulará 
más rápido,
más fácil. 
Se verá desde el tren 
un magnífico precipicio 
con verdes frondas y
cascadas de agua natural. 
Montañas enfrentadas y riscos milagrosos. 
Trenes negros sin humos, trenes nuevos. 
O no. 
Trenes de colores, 
de muchos colores, 
con azules y rojos 
y naranjas y verdes. 
Chillones. 
Trenes abiertos. 
Desnudos. 
Sin sombreros. 
Trenes boca arriba. 
Trenes de lado. 
Volando. 
Trenes. Trenes

INTELIGENCIA VITAL

Cuando algo nos va mal, cuando hay un momento de crisis, una emergencia espiritual, un venirse abajo, lo primero que pensamos -habitualmente- es , ¿qué pasa?¿por qué a mi?, si todo debería ir bien. 
A partir de ahí empezamos a rastrear porqués, que muchas veces se transforman en culpables, que casi siempre remiten a situaciones del pasado: errores que creo que cometí, situaciones que no debí vivir, la educación que recibí, cómo me trataron…
En ese momento llega el turno del “si yo hubiera…”
Si yo hubiera hecho aquello y no lo otro, si me hubieran tratado así y no asá, si hubiera tenido aquella vida y no la que tuve… entonces no tendría estos problemas y viviría content@, desahogad@ y feliz. 
Pero, de verdad, no lo sabemos (y no nos ponemos a mirar esto). Y no nos damos cuenta de que estamos totalmente desenfocados y poniendo toda nuestra energía en lamentos y quejas que se van por el sumidero de la ineficacia. Sin encarar el presente y sin mirar qué puedo hacer ahora para resolver la situación. 
Pero es que,claro, muchas veces, cuando miramos hacia el presente, también vamos buscando porqués que transformamos en culpables: la culpa de lo que me pasa la tiene mi pareja, que no me entiende o que me abandonó, o mis padres que siguen tratándome fatal o la situación socio-económica que me maltrata o el mundo que es injusto o la vida, de la que siempre hay que esperar lo peor. 
Y de nuevo nos perdemos en no poner toda nuestra energía en ver, con claridad, qué está pasando y comprender que ,sencillamente, sí me va mal, si algo va mal es porque mi enfoque de la vida, mi actitud, mis creencias, mis rutinas, mi relación con el mundo, con l@s otr@s, conmigo mismo, en algún punto, de alguna manera, no “me”funcionan.
Y partiendo de esta premisa tan básica, comprender que, como dijo Einstein, para que suceda algo nuevo, tenemos que hacer cosas nuevas. 
En un alarde,si se puede calificar así, de inteligencia vital. 

¿Y qué si asumimos TODA nuestra vida?

Hablaba el otro día con mi amigo Diego de la importancia de asumir toda nuestra experiencia de vida para poder encontrar la paz… y dimos en intentar delimitar las diferencias entre aceptar, reconocer y asumir. 
Y él me dijo (más o menos):
La aceptación sería el nivel más inmediato, el de ver-y no negar- que mi experiencia de vida es la que es y no la que yo me invento o querría que fuera. Y con esto empezamos a tomar conciencia y a tener un tanto de paz. 
El reconocimiento sería un nivel mas profundo en el que, además de ver y no negar nuestra experiencia de vida, empezaríamos a valorarla y a admitir que tiene elementos, situaciones, sucesos que se nos escapan en su conjunto pero que nos han constituido como somos y lo que somos. 
Por último, la asunción de TODA nuestra experiencia de vida implicaría que la tomamos íntegramente, sin eliminar ni cambiar nada, tal como es, entendiendo que es fruto de una armonía universal y que, por lo tanto es lo que tenia que ser tal como es; de modo que me lanzo a amarla por completo cómo ha sido, es y será.
Así, dejo de querer o de necesitar o de tener que luchar contra mí mismo y/o lo que he hecho o me ha sucedido: todo está en orden (aunque yo no lo entienda, aunque yo no lo sepa, aunque yo no lo vea), todo tiene su armonía y puedo sumergirme en ella. La vida, mi vida, es y no podría ser de otro modo. 
Sin embargo, yo -humano- me doy cuenta -con frecuencia- de que ni tan siquiera acepto mi vida…así es que de asumir ni hablamos. ¿O si?