PARECIERA INCREÍBLE


Pero podemos decidir qué hacemos para ganar dinero. 
Estamos tan,tan acostumbrados a creer que ganar dinero es algo que tiene que ver con entes abstractos (el mercado, lo que tiene salidas, lo que “se demanda”, lo que ha sido siempre, lo que parece, lo que dicen los medios de comunicación, lo que manda la tradición familiar…) que raramente podemos ver más allá de estas presiones-creencias-parece que evidencias. 
Así, entramos en una vorágine donde es casi imposible plantearse qué quiero hacer yo, qué talentos e inclinaciones tengo, en qué puedo ser útil, qué hago bien,cómo colaboro, qué me entusiasma. 
No. La idea comúnmente establecida (es increíble, pero es así) es que el dinero se gana en algo que no te gusta, donde no te lo pasas bien,en el que no importa que colabores con la vida, con el mundo o con tu más cercano ámbito social. Lo único importante es el dinero (como objetivo, como causa), sin darnos cuenta de que el dinero es el efecto de lo que hacemos. Y si nuestra labor nos apasiona, es útil y la hacemos bien, es tremendamente difícil que no ganemos dinero con ello. 
Y si no conseguimos ganar dinero será por otras causas (una educación financiera inexistente o deficiente, una visión limitada de nuestro quehacer, épocas de terremotos emocionales, desconfianza en un@ mism@, en lo que hacemos o en la vida…) pero no porque, intrínsecamente, ganar dinero sea incompatible con trabajar en lo que nos permite disfrutar, es útil y lo hacemos bien. 
Es decir, puedo decidir con qué ganar dinero (una de las decisiones más importantes de nuestra vida) que, si lo miramos bien, es decidir qué hago con mi discurrir en este planeta y cómo colaboro con este súper-organismo humano embarcado en la aventura de vivir. Aquí. En esta tierra. Ahora. 
Qué mundo tan diferente si tod@s nos levantáramos cada día para hacer lo que nos apasiona y es útil para el mundo en el que vivimos!!!!!!

Te imaginas…

24horas de plenitud de vida?
No exigirle al día, en ningún momento, que sea como tú quieres que sea? Y vivir, así, en tus fundamentos de vida, consciente de ti y de que eres parte de esa vida inmensa, en una invitación constante a la experiencia total de la vida?
Y si estás ahí, quizá podrías entender (profundamente) que todo lo que experimentas tiene sentido, todo es experiencia de vida. Solo es necesario vivirlo, a ser posible con la conciencia de lo que está ocurriendo, fundamentalmente en ti: cómo reacciona tu cuerpo, tu personalidad, ante lo que sucede. Cómo se tambalean tus creencias o se afianzan. Cómo te invade el miedo, la euforia o la rabia. 
Sin querer juzgarlo o detenerlo o arrinconarlo. 
Solo dejarlo ser. Dejarte ser. 
Te imaginas?

EL CURSO SIGUE…

Sólo parece que no. 
Hay un todo que no entiendo
-pero habito- que no termina nunca porque ese concepto no existe ahí. 
Alguien dijo que venimos, a este todo, a experimentar, pero quizás tenga sus matices. 
Quizás venimos a descubrir, a creer en nosotr@s mism@s, a romper-morir con lo superficial, a encontrar la verdad profunda, a lo que llamamos Dios, que debe de ser otra vivencia. Seguro, otra. 
A creer y crear una nueva conciencia, la conciencia profunda de tener el valor para caminar sobre el agua hacia la otra orilla.

ME SIENTO ESCASO

Cuando me siento escaso busco a alguien o algo que colme mis supuestas necesidades. 
Evidentemente, nadie ni nada las puede colmar. 
Por un lado, porque son “supuestas”necesidades, es decir, yo me las creo (en el sentido de crearlas y de creérmelas también) y, de verdad, no son “necesidades” sino mi creación. 
Por otro lado, las necesidades creadas nunca acaban de estar satisfechas. Y si lo estuvieran, crearíamos otras inmediatamente. 
Porque, en el fondo, de lo que se trata es de organizar de tal manera la vida que consista en tener una serie de necesidades que se van colmando (o no) y entonces, solo entonces, podamos ser dichos@s, “estar satisfechos “. 
Aunque, nunca ocurre. Y desde esta visión caemos constantemente en la decepción e, incluso, en la desesperación. 
Sin embargo, hay otras maneras de ver la vida, de entenderla: si parto de que no soy ni estoy escaso, si parto de que la vida es completa así, vida. 
Si aspiro a vivirla tal como viene, embarcándome en ella, abrazándola, agradeciendo su ser, siendo consciente de que aporta “lo que realmente necesito”sin tener que exigirle satisfacciones o necesidad a cubrir. 
Entonces, desde esa perspectiva, puedo relacionarme con el mundo y con el/la otr@ en una sintonía diferente: si sé que el/la otr@ vive en la vida misma sin tener que exigirle nada diferente a ser vida, es decir, vive en sus fundamentos de vida (aunque no lo sepa) sé también que en esa situación no necesita que yo le colme nada porque vive en plenitud de vida. 
Y, por tanto, puedo ser yo mism@ y no necesito tampoco que el/la otr@ colme mis necesidades.
¡¡¡¡¡Qué fuerte!!!!!, ¿no?

LA VIDA NO PIERDE PLENITUD…

La vida no pierde plenitud en ninguna de sus expresiones. Y todas son plenas igualmente. En cualquier caso. En cualquier circunstancia. Todo es vida. No puede haber más vida o menos vida en un lugar o en otro. Hay vida o no la hay. Y si hay vida esta es plena, completa. No puede ser de otro modo.
Sin embargo, constantemente pensamos (prácticamente tod@s) que nuestra vida no es plena. Que la del otr@ sí. Que nos hemos equivocado. Que no hemos tomado el camino correcto. Que si hubiera hecho aquello o lo otro, entonces sí sería plena. Que en el futuro lo será, pero ahora no. Que en el pasado hubo un momento (que creo recordar muy bien) donde fue plena, pero ahora no.
Y, claro, mi vida no es plena por (a causa de, por culpa de…) mi pareja, mis padres, mis herman@s, la sociedad,
el gobierno, la falta de dinero, la falta de oportunidades…
Y viene alguien a decirnos que no, que la vida es plena en cualquiera de sus expresiones y que nosotr@s somos una expresión de vida y por tanto plenos.
No puede ser. Lo veo clarísimo: no todas las vidas son iguales.
No obstante, también veo con claridad que hay vida o no hay vida, sin grados.
Algo falla. Quizás nuestra mirada.
En todo caso, estamos vivos. Hoy. Un día más. Una vez más. ¡¡¡Qué misterio !!!!

SER RESPONSABLE


“RESPONDERE ” en la vida jurídica romana aludía al hecho de defender una opinión ante una situación controvertida en un juicio. 
Etimológicamente procede del prefijo RE(reiteración) y el verbo SPONDEO(ofrecer, prometer).
Y,literalmente, “RESPONSABLE” es una forma verbal, convertida en adjetivo, que indica el/la que puede responder y dar satisfacción por lo que hace.
Así vemos cómo en castellano RESPONDER significa contestar; RESPONSABLE es el/la que sostiene la carga de que las cosas salgan bien, el/la adult@ que protege y vela por l@s niñ@s…; e IRRESPONSABLE está un frecuentemente asociado a culpable y -atención- a ser un “viva la vida”. Es decir, alguien que no cumple con sus obligaciones sociales, morales y/o vitales. 
De este modo se ha ido deslizando muy sutilmente el significado de ser responsable desde una perspectiva de alguien con madurez, autonomía y criterio para “responder “ y “dar satisfacción “ por lo que hace, piensa o defiende hacia otra en la que está claro lo que un@ tiene que hacer (lo que las normas sociales dominantes dictan) y solo se juzga si se ha seguido esa norma (se ha actuado bien) o no (se ha actuado mal).
Esto es, se pasa de una situación que implica un sujeto maduro y crítico a otra en la que la sumisión a los dictados de lo establecido se premia con el membrete honorífico de ser responsable, ser socialmente considerad@ y valorad@ como un tipo con “sentido común” y capaz de asumir “sus obligaciones” (asociadas con “esforzarse”, “sacrificarse”, “hacer lo que no le gusta pero es necesario “…).
De esta manera la capacidad liberadora que supone poder decidir lo que haces y responder por ello se transforma en un peso con el que cargas para toda la vida y del que no te puedes librar nunca. 
Olvidando por completo el rastro original del sentido de “SER RESPONSABLE “ : Seguir un@ su propio criterio, los dictados de su corazón y poder responder por ello ante el mundo -y, sobre todo, ante sí mism@-.
En medio de todos los vientos y mareas. Con todos los miedos y dudas.