Por qué no entender que no lo he hecho mal sino que he cometido un error -somos human@s- y de ese error aprendo, tomo conciencia? Por qué no enfocarme en qué hacer ahora en lugar de mirar y analizar qué hice mal y atacarme por ello? Por qué no permitir que la vida entre a raudales con todas sus circunstancias y saberme protagonista hermos@ de ella? Por qué no crear y seguir creando y poner en ello todas nuestras energías? Por qué no tratarnos con amabilidad, amor, respeto y empatía? Por qué no mirar y descubrir todos nuestros dones con que la vida nos ha regalado? Por qué no dedicarnos a regalarlos y compartirlos con nuestr@s herman@s? Por qué no? Y si estamos dispuestos a ello os apunto un criterio que puede servir para vivir “solo “ con voces “bientratadoras”: cualquier pensamiento que arribe a nuestra mente habrá de ser amable, verdadero ( un hecho) y/o útil para el momento que estoy viviendo. El resto, después de ser escuchados, merecen poder marcharse con tanta paz como a nosotr@s nos dejan. Que así sea hermano. Que así sea, hermana.