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Parece un tópico, parece que está claro…pero no. Tratarse bien a un@ mism@, en su fuero profundo, es casi un lujo en este mundo, en esta sociedad.
Sutilmente, le permitimos a nuestro ego que nos acuse, nos trate con desprecio, con poca o ninguna amabilidad, incluso insultándonos y/o inventando historias de terror donde nosotr@s somos protagonistas malvad@s, inútiles, fracasados, abocados a pasar por la vida, en el mejor de los casos, sin pena ni gloria.
Le consentimos actitudes y comportamientos que serían insoportables si fuesen propios de un vecino, un@ amig@ o un@ desconocid@.
Y lo interesante es que esto se da de tantas maneras y con tanta sutileza que somos, en muchos casos, absolutamente inconscientes de que este maltrato sucede y tiene consecuencias muy graves en nuestro día a día.
Cómo voy a distinguir y propiciar que me traten bien si yo me trato mal?
Cómo voy a creer en mi, en la vida, si yo pienso lo peor de mí y , por ende, de la vida?
Cómo voy a ir segur@, confiad@, por el mundo, si me veo como un impostor, un fracasado?
De dónde voy a sacar la energía si está puesta en desacreditarme y/o lamentarme?
Cómo voy a ser resolutivo y aceptador de los desafíos cotidianos si me paso el tiempo reprochándome lo mal que lo hice ayer o esta mañana?
Cómo canalizar todo mi potencial creativo si está ocupado en revisar uno a uno todos mis supuestos errores/horrores?
(CONTINUARÁ)