
…día y aire, y sabernos mundo y vida y universo inabarcable.
Y creernos canto de pájaro y risa fresca y mirada grave.
Y comprobar que lo desconocido es el infinito y verse minúsculo e inmenso.
Y disolverse en la brisa del cielo y adentrarse en la corriente del mar inquieto.
Y viajar por los recovecos de la mente y los secretos del deseo.
Y retornar al extático silencio del océano profundo.
Sin ningún rumbo.